—Él es diferente —dijo con una leve sonrisa al decirlo—. Cuando lo conoces mejor, te enteras de que puede ser la persona más bondadosa. El castaño alzó las cejas, incrédulo, pues no lo creía posible, pero también expectante, ya que Julieta lo había dicho en un tono muy dulce al referirse a él. —Tal vez tengas la razón, tú lo conoces mejor —Jay le dio la razón. Julieta miró su reloj por inercia y soltó una expresión de sorpresa cuando se dio cuenta de la hora. Glen ya debía estar esperándola afuera de la universidad, y estaba preocupada por creer que pudiera molestarse por su tardanza. —Ya debo irme, deben estar esperando por mí —se levantó de golpe; tenía que darse prisa—. Te veré mañana, Jay, y gracias por el café. —Te acompaño... —dijo el chico, parándose también. Julieta no se

