—Nos vemos, Glen —se despidió Dereck, y este asintió con una reverencia antes de marcharse. —¿Qué ha pasado? —preguntó Demian, atento a su respuesta. Glen boqueó, tratando de encontrar las palabras adecuadas. Había estado pensando en cómo abordarlo durante todo el camino, y aunque seguía dudando, supuso que lo mejor era ser directo. —Lo siento mucho, señor... —comenzó disculpándose. —No quiero oír excusas, solo dime qué pasó —exclamó Demian, reteniendo su molestia. Sabía que las excusas lo irritaban más que los errores. —La prepago... la chica, no pude localizarla —dijo Glen con evidente incomodidad—. Traté de hablar con el dueño del lugar, pero me negaron la entrada. Dicen que el Señor Bruno no atiende a cualquier persona —agregó, bajando la mirada. Demian tensó la mandíbula. No se

