Julieta sintió cómo su cuerpo se erizó ante su tacto. Tenía que admitir que era la primera vez que le pasaba esto; sentía miedo, pero curiosidad al mismo tiempo. ¿Qué la detenía de dejar todo y ser libre ahora? Sin Bruno, sin Demian. Siempre fue el miedo a no tener a nadie; al menos ahí tenía a Mónica, ¿pero ahora? No era nadie. ¿Cuánto creía que podría sobrevivir en las calles sola? Seguramente Bruno la volvería a encontrar. Era más peligroso de lo que realmente pensaban, sin contar que era el dueño de la ciudad. —Supongo que tendrá reglas. —Era una locura huir de Bruno; era algo que nadie había hecho antes, pero tenía la esperanza de que Demian la ayudaría. —Creo que las sabes... —No puedo tocarlo, no puedo besarlo y tengo que mantenerme callada. —Demian sonrió. —Solo hay un pequeño

