Capítulo 5: Ossian

1110 Palabras
Ossian  La veo llorar y me dan ganas de abrazarla, solamente dijo gracias y lanzó la puerta de mi bebé con fuerzas causando mi enojo de inmediato, no se puede ser tan desconsiderado, busque el estacionamiento y me adentre a la clínica en busca de Charlotte, la veo a lo lejos conversando con una señora, ambas caminan hacia uno de los pasillos y la sigo, se desespera cuando el doctor le indica el estado de su madre. —¡Charlotte! —La llamo —¡Charlotte! —Al verla que se desvanecía la sostuve con fuerza, sentí miedo que se lastimará. La recargo en mi pecho, siento una corriente eléctrica invadir mi cuerpo por completo. Es extraño tener esta sensación de preocupación. —Una camilla —Grite —Debe ser atendida de inmediato. —Expresó con enojo. —Súbala aquí señor —Efectivamente la suben a una camilla hospitalaria —No puede pasar —El doctor me frena mi andar colocando su palma en mi pecho. —Me vuelves a tocar y te arrepentirás, entraré con ella, tan siquiera intenta impedir que entre y tu carrera se termina en este instante —La rabia me invade, como es de esperarse, se aparta para qué me adentre a la estancia, tomé su mano mientras miden su presión arterial, le proporcionan oxígenos y le prestan los primeros auxilios correspondientes. —Cuidado con la aguja —Bramo, no quiero que dejen sus brazos marcados, su hermosa piel no será lastimada ni ultrajada, la chica de laboratorio me observa con rabia, pero a mí no me importa, estoy acostumbrado, un ser despreciable como yo se encuentra en las alturas y en definitiva no puede ser tocado por simples mortales. —Los resultados estarán en una hora. —Sé el procedimiento, exijo que la trasladen a una habitación más cómoda ¿Cómo se encuentra la madre? —El diagnóstico es reservado —Trago grueso, la mamá de Charlotte se encuentra delicada, supongo que por eso se desmayó. Dos minutos después fue llevada a una estancia decente donde descansará, la están hidratando, se encuentra agotada, sus ojeras indican que no durmió y quizás yo tenga la culpa. La observó con dedicación, sus pestañas son largas y tupidas, su nariz es redonda, sin embargo, es un redondo perfecto, sus mejillas son carnosas y rosadas, inevitablemente te inducen a tocarlas, sus labios gruesos y apetitosos, su cabello tiene algunas ondas, nada marcado, cuando la conocí por primera vez era largo y oscuro, quede encantado, sin embargo, odie cuando un lunes llegó con ese corte Bob, realza sus facciones, no obstante, me gustaba más su cabello largo. Su piel es tan blanca como la nieve, no dejó de mirarla, me tiene idiotizado, apague el celular solamente para dedicarme a velar su sueño, Nerea me tiene al borde del fastidio. La puerta se abre y escuche un leve carraspeo —Disculpe señor Schwartz —No despego la mirada de Charlotte. —Lamento interrumpir e invadir su privacidad. —Dígame señorita. —Se aclara la garganta una vez más, tampoco es tan difícil hablar conmigo, cualquiera diría que soy el monstruo del pantano. ¡Sí lo soy! Me enorgullezco de serlo, cuando eres bueno las personas se aprovechan, por eso escogí ser detestable. —No se ofenda por la pregunta. ¿Quién se ocupará de los gastos médicos? El seguro rechazo el cobro. —Aprieto los puños, suficiente dinero le pagó sin falta a la aseguradora, como para que no costeen los gastos médicos de mis empleados ¿Qué hubiese hecho Charlotte si no me encontrará en el lugar? Esos infelices me deben una buena explicación. —Yo me ocupo, en un segundo estaré en la caja cancelando. —Exprese. —Permiso doctor —Escuche la puerta cerrarse, baje a la altura de su frente donde deposite un beso, huele a caramelo ¿Quién demonios puede oler de manera tan provocativa? Solamente Charlotte, tengo claro que no debo cruzar la línea con ella, pero me vuelve loco, rocé mi nariz con la suya, de a poco fui bajando hasta encontrarme con sus labios, la bese con premura, son tan suaves y dulces como el algodón de azúcar. Detuve el contacto o perderé los estribos, no soy un aprovechado, no del todo. Suspiro al dejar la habitación. Extiendo mi tarjeta Black —Por favor no le mencionen a la señorita Müller que fui yo quien canceló los gastos médicos, si llegase a preguntar el seguro cubrió el presupuesto total. —Como lo desee señor Ossian, por cierto, usted hace un maravilloso trabajo, soy su fans y fiel seguidora. Sonrió con arrogancia, soy el mejor cirujano del país, esta chica necesita retoques en la nariz y labios. —Cuando quieras puedes ir a la clínica Ossian. —No solo tomó la tarjeta, se la llevó con la mano y casi me traspasa por el cristal. —Gracias, lo tendré en cuenta. —Sonrió falsamente y regresó a la habitación donde se encuentra Charlotte. Leer el mensaje que envió por equivocación solamente despertó en mí, las ganas de tenerla gimiendo mi nombre. Lo primero que pensé fue en hacerla repetir cada palabra mientras con una fusta dejaba su gran trasero rojo. La otra opción más tranquila, pero no menos excitante, era sentarla en el escritorio y deslizar un cubo de hielo por toda su piel, mientras recitaba sus maldiciones, pero todo se fue al infierno cuando llegó Nerea, arruino mis planes. Decir que no fue excitante verlas discutir, es una maldita mentira, sabía que detrás de esa sonrisa amable se encontraba una loba feroz dispuesta a defenderse, ahora la veo tan frágil qué deseo protegerla, mimarla y estar con ella, solamente tiene a su madre y la está olvidando. No suelo ser sentimental o bondadoso, pero Charlotte despierta más que deseo en mí. Soy un imbécil, lo tengo presente, no puedo cambiar lo que soy, no me afecta lo que piensen de mí, soy un egocéntrico que diseñó con orgullo a su futura esposa. Moldee su cintura, reconstruí su nariz, inyecte sus labios, le hice un aumento de mamas, ella tomó la decisión de quitarse dos costillas para lucir más delgada, su trasero fue aumentado, sus cejas diseñadas. Se convirtió en una modelo aclamada gracias a mis retoques profesionales. Luce exactamente como una Barbie alemana, en la mañana la hice gritar por dos razones, la primera deseaba que Charlotte sintiera celos al punto que deseará ser Nerea y la otra es que la imaginé a ella sentada en mi regazo dejándose llevar por el placer. Será mía, tarde o temprano Charlotte caerá y ese día la disfrutaré hasta que mi cuerpo pierda la energía.
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