Solo le conté lo que ví.

1657 Palabras

El suave golpeteo en la puerta fue lo primero que se oyó. —Esmeralda… ¿puedo pasar? Ella abrió los ojos lentamente, aún envuelta en el letargo del amanecer y el peso emocional de la noche anterior. Se incorporó un poco, frotándose los ojos. Llevaba la misma camiseta amplia que él le había puesto para dormir, y el cabello desordenado caía sobre sus hombros. La puerta se abrió con cuidado. Rafael entró con una bandeja entre las manos. —¿Tú… cocinaste? —preguntó ella, con voz ronca y sorprendida. —Intenté. Pero admito que el pan lo tostó la máquina. —Sonrió con suavidad y se acercó—. Te traje café, jugo, frutas, y unas tostadas con miel. —¿Y tú eres Rafael Altamirano? —murmuró, aún incrédula—. ¿O alguien más se metió en su cuerpo? Él se sentó en el borde de la cama, dejando la bandeja

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