– Te diré por última vez, deja a Dónovan, él no es para ti. - ¿Quién se cree? – Ja. Ni en tus sueños. – la enfrento sin temor alguno. – Lo conocí mucho antes que tú, fue mi novio. – dice enfurecida. – Exactamente, tú lo has dicho… “Era”, pero ya no más, ahora es mi esposo. – le recuerdo una vez más. – Así que… Aléjate de mi esposo. – dicho eso, salgo del baño, al caminar por el pasillo, choco con alguien. – Lo siento. – digo sin mirar. – ¿todo bien, amor? – sólo se trataba de mi esposo. – Esa maldita de Rachel me sigue molestando. – digo de mal humor. – Descuida, si quieres la pongo en su lugar. – dice decidido, pero lo detengo. – No es necesario, le he dejado las cosas muy en claro y si no quiere seguir entendiendo, entonces si tomaremos

