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970 Palabras

Una Mirada El sol se alzaba sobre el horizonte, bañando los jardines del marquesado con una suave luz dorada que, para George, no hacía más que resaltar el peso de su dolor. Había pasado una semana interminable, llena de silencios dolorosos y miradas esquivas. Desde aquella noche, Rose no había vuelto a hablar con él y cada día que pasaba sin verla o sin escuchar su voz se sentía como una daga que se hundía más profundo en su pecho. El médico, después de días de precaución, había finalmente autorizado a Amélie a viajar. El carruaje de la familia real estaba listo, las ruedas recién engrasadas brillaban bajo el sol y los caballos, ya alineados, pateaban el suelo con impaciencia. El aire tenía una quietud inquietante, como si el mundo retuviera el aliento ante la despedida que estaba por

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