Sentado en mi gran escritorio, solitario en mi oficina, ayer no quise insistir con la estadía de Scarlett, no quiero hacerla enojar, más en su estado. Agarro mi móvil y espero a que Mich responda a su teléfono. Mich finalmente contesta justo antes de que salte el buzón de voz. Me doy cuenta de que está malhumorado, pero siempre lo está. Necesito asegurarme de que está investigando la información que le di, en parte para asegurarme de que estoy al día, pero también para no pensar en Scarlett y en todo lo que está pasando. —¿Sabes lo temprano que es? —Gruñe Mich, sonando medio dormido. Miro el reloj. Solamente son las seis de la mañana. —Deja de quejarte. No es que entres en hibernación o algo así. —No puedo evitar... literalmente. Nuestra amistad ha crecido a lo largo de los años, inclus

