EPISODIO 3 La serpiente emplumada
HABÍAN TRANSCURRIDO cuatro años desde la llegada de los noruegos a la aldea. Sus vidas se habían integrado al tejido de la comunidad y ya habían en alguna medida reemplazado a los varones caídos en el brutal ataque de los xiues. Bjarni y Mactzil habían tenido primero un hijo al que llamaron Iktan y luego una niña a la que llamaron Xareni. El marino había ido reemplazando a Quellochi en algunas de sus actividades, particularmente aquellas que requerían viajes prolongados, lo que le permitió conocer la comarca y a sus principales jefes. Periódicamente salía con sus compatriotas a navegar en el drakkar, al que mantenían en buena forma y al que dotaron de una vela de repuesto tejida con hilados locales; también gran parte de los cabos debieron ser paulatinamente reemplazados por cuerdas de fibras autóctonas.
Dado que no se hacía ilusiones de contar con todos sus compatriotas en caso de desear emprender un viaje largo por mar, comenzó a entrenar en el arte de la navegación a varios nativos cuidadosamente seleccionados. Por otro lado Knut entrenaba a toda la población masculina de la aldea en disciplinas militares. Aunque el hecho de no contar con armas de hierro para proporcionarles era una gran desventaja en las luchas cuerpo a cuerpo, trataba de compensarlo con tácticas guerreras y con prácticas de arquería para la cual los nativos tenían una facilidad natural.
En una oportunidad Bjarni fue a la casa de su amigo Knut para combinar un viaje por tierra. No lo vio en la huerta donde solía trabajar y cuando estaba por volverse oyó gemidos en la choza que ocupaba el gigante. Como las viviendas mayas tenían la puerta como única abertura decidió entrar. En el dormitorio en semipenumbras atisbó a su amigo arrodillado sobre alguien en medio de un evidente acto s****l. Molesto consigo mismo por haber invadido la privacidad de Knut emprendió la retirada de la vivienda tratando de pasar desapercibido pero oyó que a sus espaldas lo llamaban. Se dio vuelta y esperó que el hombre se vistiera y lo alcanzara en la habitación que oficiaba de comedor. Lo invadió una cierta extrañeza porque sabía que Knut había echado de su casa a la última de sus mujeres, con la cual había tenido dos hijos. En el momento en que aquel estrechó su mano Bjarni pudo ver que del dormitorio salía un jovencito desnudo que se movía con modales que le parecieron femeninos. En un arranque de furia estuvo por increpar a su amigo pensando que hubiera sodomizado al muchacho, pero de pronto éste se puso al costado de Knut quien le acarició la cabeza con ternura. El chico llegaba a la mitad del pecho del noruego y parecía frágil a su lado.
Knut quiso esbozar una explicación pero ningún sonido salió de su boca. Bjarni lo paró con un movimiento de su mano, mientras le decía.
-Cualesquiera sean tus gustos privados siempre te consideraré mi amigo.
Volvió cabizbajo a su choza, situada fuera de la aldea. Al verlo llegar Mactzil se dio cuenta inmediatamente que algo no andaba bien.
-¿No ibas a visitar a Knut?
Bjarni le respondió con evasivas pero la mujer, que conocía bien sus reacciones insistió.
-¿Le ocurre algo a Knut?
-No... no es eso.
El rostro de Mactzil se iluminó de pronto.
-Ya se. ¡Lo encontraste con Itzaé!
-¿Quién es Itzaé?
-Su nueva esposa.
-No, no estaba con una mujer.
-Tonto. Itzaé es un muchacho, pero le sirve de esposa.
-¿Entonces tú lo sabías?
-Toda la aldea lo sabe. Aquí no se puede esconder nada.
Bjarni se asombró de que cuatro años después de su llegada aún desconocía aspectos básicos de la aldea que había adoptado como segunda patria.
Un par de días más tarde se encontró con Tore. El joven había engordado notablemente y se hallaba trabajando en la huerta frente a su casa mientras dos niños correteaban por la misma y una mujer encinta tejía un cesto con unos mimbres. Bjarni intercambió con el muchacho algunas palabras, pero notó que estaba absorbido con sus tareas y su familia.
Poco a poco el marino fue haciendo un inventario de las actividades de sus compatriotas, y la conclusión fue formándose en su mente que lo que había sido una tripulación compacta y aguerrida que había enfrentado numerosos peligros juntos se había transformado en una cantidad de paisanos cada uno de los cuales tenía su propia historia e intereses. Cuando reflexionó sobre su propia situación, se percató de que no era muy distinta, más allá de la tendencia a la introspección que había dado origen a todo el análisis. Finalmente la conclusión fue de que solamente el otro timonel del drakar, un danés llamado Holger, no estaba firmemente enraizado en la comunidad actual. Con él podría contar para un proyecto que estaba madurando en su interior.
Las salidas náuticas con el drakkar se habían tornado más frecuentes. Bjarni había consolidado una tripulación formada por él mismo, Holger y cinco habitantes de la aldea y sus alrededores a quienes los dos vikingos estaban adiestrando para viajes en el mar, cada vez a mayores distancias de la costa, además de recorrer largas distancias del litoral. No les había adelantado nada de sus propósitos hasta que un día Holger lo encaró directamente.
-Bjarni, creo que con todas estas prácticas de navegación tú tienes un propósito en mente. ¿Me equivoco? Si es así tengo el derecho a conocerlo.
El interpelado meditó unos instantes su respuesta y luego, juzgando acertada la petición comenzó a hablar.
-Así es. Tengo el propósito de regresar a Groenlandia y luego a Noruega, para eso cuento con todos ustedes.
-¿Pero, que te espera en Noruega? Aquí ya tienes tu familia y una posición en la aldea.
-En efecto, pienso retornar aquí luego, una vez que haya cumplido con mi propósito. Regresar con una flota, con marinos y con poder.
-¿Qué te hace pensar que conseguirás todo eso cuando en tu vida anterior en tu país nunca lo tuviste?
Bjarni no tuvo más alternativa que contarle a su amigo el hecho de que estaba en conocimiento de la existencia de grandes riquezas en oro, aunque no le dio detalles sobre el lugar ni las circunstancias en que había adquirido ese conocimiento. Una vez terminada su exposición fue el turno de Holger de evaluar lo oído.
-Bien, te conozco y sé que no me estás mintiendo, aunque no me hayas dicho toda la verdad. No tengo nada que me retenga aquí. Puedes contar conmigo.
Cuando estimó que la tripulación tenía ya la experiencia suficiente en el manejo del drakkar Bjarni los llevó a una navegación en la que se internaron en alta mar por toda una mañana y luego se dirigieron hacia el sur hasta volver a encontrar la costa. Entonces desembarcaron en una playa desolada que exploraron durante todo un día sin hallar rastros de vida humana. Volvieron a trepar a la nave y prosiguieron aun dos días más en dirección sur, hasta que una tormenta los sorprendió en alta mar. Aunque les costó gobernar la nave pudieron mantener el rumbo y pasar el temporal. Entonces Bjarni juzgó que el entrenamiento de los marinos novatos estaba concluido con éxito y decidió regresar a la aldea. Habían pasado ocho días en total y Mactzil estaba alarmada así como los familiares de los restantes navegantes.
Seis meses más pasaron en preparativos, hasta que un día Bjarni decidió hablar con su esposa, con sus hijos presentes.
-Mactzil. He resuelto regresar temporalmente a mi país, navegando hacia el norte y las zonas frías. Los hombres de la tripulación han decidido acompañarme, y nos haremos a la mar en una semana.
-¿Te irás para nunca más volver?- Dijo la mujer entristecida.
-Todo lo contrario. Pienso regresar con una flota de mis compatriotas para ayudar a tu pueblo a conquistar su libertad de los xiues y reinar en todo el territorio.
-Pero el viaje es largo y lleno de peligros.
-Confío en que la tripulación y la nave están preparadas para afrontarlo.
- ¿Cuándo regresarás, esposo mío?
-En dos años. Es lo que me llevará el trayecto de ida a Noruega, los preparativos del viaje y el regreso.
-Siempre supe que así como el mar te trajo, el mar te llevaría de mi lado.
Bjarni abrazó a su mujer fuertemente y luego a sus niños, que no entendían bien lo que ocurría. Un nudo se le formó en la garganta y le impidió proseguir hablando.
Dos días más tarde decidió explicarle a Quecholli sus planes. El anciano le escuchó atentamente y le hizo preguntas sobre el viaje y su familia. Bjarni le confió que el propósito de aquel era regresar con una flota de guerreros como los que le habían acompañado en su venida, pero mucho más numerosos.
-Ellos desbandarán a los xiues invasores y los arrojarán al océano. Tú quedarás como jefe de toda esta zona, y hasta podrás luchar por el reino de Uxmal.
- Mis pretensiones son más modestas. Me bastaría con asegurar la libertad de mi pueblo y darle seguridad contra los saqueos y matanzas.
La conversación duró aún un largo rato, hasta que Bjarni le expresó a su suegro.
-Pero hay una cosa que debo pedirte. Los guerreros de mi pueblo vendrán si les prometo que habrá una recompensa en oro para sus Jarls y para ellos. Necesito llevarme muestras de los objetos preciosos que tienes en la pirámide de Kukulkán.
-Entonces cuando lleguen tu gente vendrán a saquear nuestro legado histórico.
-No voy a engañarte. El peligro existe. Pero para evitarlo tú y algunos hombres de tu confianza llevarán una parte del tesoro a otro sitio, y ese será el que les exhibiremos a los noruegos cuando arriben. Te costará una pequeña parte de tu legado pero tendrás seguridad para tu pueblo. Es el precio que pagarás.
Quellochi meditó durante un tiempo la propuesta y finalmente accedió. Al día siguiente los dos hombres salieron en un viaje por tierra del que no dieron explicaciones, y se dirigieron a la pirámide que ya Bjarni conocía. De las entrañas de la serpiente emplumada extrajeron las piezas que deberían avivar la codicia de los príncipes escandinavos.