Luego de eso, se encargó de desatar los amarres de la cintura. Lo hizo con cuidado. A medida que lo hacía, rozaba con sus dedos la textura que quedó. —¿Te duele? —No… Quitó el resto de la cuerda y la dejó a un lado sobre la cama. Hizo que me girara para verificar que todo estaba en orden y así fue. —Espera aquí. Tomó unos pantalones de un cajón que estaba cerca de las sillas y fue hacia otro lugar. Por mi parte, me eché sintiendo todas las endorfinas recorriendo mi cuerpo. Cerré los ojos por un momento cuando sentí algo frío en mi brazo. Erik me acercó una botella helada de cerveza. Además, también tenía consigo una cajetilla de cigarros. Para mayor sorpresa, era de mi marca favorita. Di un largo sorbo de cerveza, fue agradable sentir la efervescencia en la boca y la garganta. El frí

