Capítulo 3

1893 Palabras
Capítulo 3 Ever —Así que, ¿has sabido algo de tu ex-cabrón? —pregunta Emily mientras conducimos hacia Hoboken. Me río con facilidad. —El lenguaje, señorita Burnham. ¿Dónde ha aprendido esa palabra? Aparta los ojos de la carretera para sonreírme con picardía. —Es como Nix llama a mi ex. Me parece apropiado. Emily es una de las pocas personas que sabe que pillé a Marc engañándome. Ella y yo nos hicimos buenas amigas desde que nos conocimos en una clase de periodismo en Columbia hace más de un año. Tiene los pies sobre la tierra y es muy inteligente. También fue comprensiva conmigo cuando mi compromiso se interrumpió. Volviendo a su pregunta original, le digo: —Bueno... de hecho, vino hace un rato a recoger el anillo de compromiso. — ¿Lo quería de vuelta? —pregunta Emily con sorpresa. Me encojo de hombros. —No me importó. No es que vaya a volver a ponérmelo. Emily resopla. —Habría empeñado la maldita cosa y luego habría comprado un suministro de condones para toda la vida para poder coger con todos los tipos buenos que se me cruzaran. Ahora soy yo la que resopla, lo que se convierte en el tipo de risa que hace que me duelan las costillas. —Esa sí que es una buena idea. Lástima que ya le haya devuelto el anillo. Aun así... ahora que soy una mujer trabajadora a tiempo completo, ¡puedo permitirme mis propios condones! —Sí, —grita Emily entre risas—. Soy una firme creyente en el uso de un buen orgasmo para poner una sonrisa en tu cara. Es un buen plan. Nuestra hilaridad se apaga en risas y entonces Emily me mira de nuevo. Su cara está llena de bondad. —En serio... ¿cómo estás? —Estoy bien, —le digo. Y lo digo en serio—. Ni siquiera he derramado una lágrima por él. Emily guarda silencio por un momento y luego dice: —Eso no es bueno, Ever. Necesitas hacer el duelo. —No puedo, —admito con franqueza. Mi corazón se tambalea un poco, pero luego vuelve a su envoltura de hielo. — ¿No puedes o no quieres? —Emily tiene una sabiduría que ninguna joven de veintiún años debería tener. —No puedo. Creo que debo estar rota o algo así. —Mis palabras salen con naturalidad, y no hay amargura ni lástima. Realmente creo que estoy rota, pero no tiene sentido lamentarme por ello. Miro a Emily y ella me devuelve la mirada con preocupación. Quitando una mano del volante, se acerca y agarra la mía. —No estás rota. Sólo necesitas algo de tiempo para asimilar lo que ha pasado. Oh, si ella lo supiera. Ya lo había asimilado. Este no era mi primer rodeo, ya que Marc no era el primer hombre que me traicionaba. Mi corazón había sido aplastado una vez antes, y el dolor de ello casi me mató. Ahora, ese hombre me causaba dolor... intenso. Tan intenso que pensé en acabar con todo. Por suerte, tuve la fortaleza para superarlo. Después de pasar por tanto dolor y miseria, fue un milagro que me abriera a Marc. Había estado tan encerrada, tan alejada, que no creía que fuera posible siquiera exhibir amor. Pero Marc se las había arreglado para romper esos muros que yo había construido con tanto cuidado después de mi primer desamor, y me había deleitado con lo que creía que era amor verdadero. Qué tonta fui. En el momento en que vi a Marc en la cama con Kelli, sentí que esos muros volvían a tomar forma. Eran como bloques de cemento y mortero que se apilaban a mi alrededor, endureciéndose rápidamente y haciendo impenetrable el camino hacia mi corazón. Y aunque mantenía todo el dolor externo lejos de mí, también mantenía todas mis emociones dentro. No había ni una sola g****a o hendidura por la que pudieran escapar mis lágrimas. Definitivamente, era una mujer rota encerrada en una prisión que yo misma había creado. Emily y yo, afortunadamente, pasamos a una pequeña charla. Me cuenta más cosas sobre Lincoln y algunos de los otros jugadores que estarán allí. Estoy bastante nerviosa, a decir verdad. Soy un gran fan de los Rangers y de hecho tengo una camiseta de Lincoln Caldwell. Incluso había pensado en llevarla y pedirle que me la firmara, pero me haría parecer demasiado idiota para mi zona de confort. Además, no sería profesional de mi parte. Llegamos al complejo de apartamentos de Lincoln, que es bastante impresionante. Está cerrado y se asienta sobre el Hudson. Emily me lleva a través de un patio a una zona de césped en la parte trasera. Enseguida me llega el sonido de la música y el olor de las hamburguesas asadas. Doblamos la esquina y me siento abrumada por la cantidad de gente. Tiene que haber cerca de trescientas personas arremolinadas. Se ha montado una pista de voleibol de arena y se está jugando un partido. Los niños corren por todas partes con globos de animales en las manos. Luego me estremezco cuando veo al payaso que los está haciendo. Odio a los payasos. Me dan escalofríos. Se han levantado dos grandes carpas, cada una de ellas con numerosas mesas donde la gente se sienta a comer. Empiezo a fijarme en la gente y reconozco a varios de los Rangers. La mayoría de ellos tienen a sus esposas o novias con ellos. Algunos tienen bebés en brazos o juegan al fútbol con los niños. Es un entorno idílico que no había imaginado cuando me invitaron. Mi atención se ve desviada por un hombre que sólo puedo suponer que es el novio de Emily, Nix, cuando se acerca a ella y la toma en un abrazo que le rompe los huesos. Luego la besa tan apasionadamente que mi cara se pone roja. Cuando finalmente la deja en el suelo, me mira y dice: —Hola, soy Nix. Tú debes ser Ever. Me alegro de conocerte. —Igualmente. Me alegro de que hayas podido sacar la lengua de la garganta de Emily para poder presentarte, —bromeo. Se ríe entre dientes, pero no parece avergonzado en lo más mínimo. —Bueno, vengan y les consigo algo de comer, señoras. Linc está arriba buscando más bolsas de basura y las presentaré cuando baje. Nix nos lleva a una mesa de buffet cargada de hamburguesas, perritos calientes, salchichas y un montón de ensaladas y postres. Lleno mi plato y me doy cuenta de que no he comido desde el desayuno de esta mañana. Había estado tan ocupada en el trabajo que me había saltado el almuerzo, lo que no es raro en mí. Nos sentamos en una mesa y disfrutamos de nuestra comida. Emily y Nix me presentan a algunos de los jugadores. Le pregunto dónde está su hermano Ryan, pero me dice que su mujer Danny no se encuentra muy bien y que no han venido a la fiesta. Está embarazada de ocho meses y medio y, por lo que dice Emily, podría dar a luz en cualquier momento. Emily ve algo a nuestra izquierda y sus labios se elevan en una sonrisa. Giro la cabeza para ver qué está mirando y no es otro que Lincoln Caldwell... rodeado de tres mujeres. Todas ellas tienen las piernas largas y el busto prominente. Se están tomando en serio el tema de la fiesta en la playa, llevando minúsculos retazos de material sobre sus traseros y tops de bikini que rebosan de pechos. Cada una de ellas está de pie, obviamente coqueteando y adulando. Una de las mujeres tiene la mano en el pecho de él, mientras que otra se revuelve el pelo alrededor de su dedo mientras saca su huesuda cadera. Me burlo en silencio de lo dolorosamente obvias que están siendo las mujeres. Observo que a Lincoln no parece importarle la atención. Se ríe de algo que dice una de las mujeres y le toma la mano para darle un beso en los nudillos. Vaya, qué cursi. En cuanto le suelta la mano, se aparta de las mujeres y me clava una mirada directa que, extrañamente, hace que todas mis terminaciones nerviosas se disparen. Es como si supiera dónde estoy sentada, porque su mirada no se pasea antes de posarse en mí. De hecho, me sorprendo hasta el punto de que bajo los ojos, jugueteando con la servilleta que aún sostengo. Vuelvo a levantar la vista y él sigue mirándome mientras sigue su camino, sin apartar la mirada. Su intención es clara. Viene por mí, y esa idea hace que se me retuerza el estómago. Cuanto más se acerca, más increíble es su aspecto. Lleva un pantalón corto de color caqui y una camiseta blanca lisa que le cubre el pecho. Las chanclas completan su look playero. Lleva el pelo artísticamente al viento y no se ha afeitado hoy, lo que le da un aspecto de recién levantado. Lo lleva bien y me sorprende que mis bragas no caigan por sí solas hasta los tobillos. Emily y yo nos levantamos justo cuando él llega a nuestra mesa. Ella se acerca a él y él la abraza con fuerza. —Hola, pequeña, —dice con evidente afecto mientras sigue mirándome directamente. Soltando a Emily, me tiende la mano. —Soy Linc Caldwell. Emily termina la presentación mientras yo tomo su mano. Es enorme y envuelve completamente la mía. Su tacto es tan eléctrico como su mirada. —Linc... ella es Ever Montgomery. Es la periodista que te va a entrevistar para el Post. Lo miro a los ojos mientras se eleva por encima de mí. Creo recordar que sus estadísticas dicen que mide 1,80 metros, es decir, un metro más alto que mi pequeña estatura. Sus ojos brillan con un color dorado verdoso por el sol de la tarde que se refleja en ellos. Observo su bello rostro y veo que de repente recuerda. —Es cierto. Lo había olvidado. Eso es interesante. Creía que se acercaba a nosotros porque me había visto sentada con Emily y sabía que era un periodista que venía a entrevistarlo. Pero dejo de lado esa suposición cuando dice: —Esperaba poder conocer a la preciosa amiga de Emily que vi sentada aquí, y ahora veo que tengo la suerte de poder pasar un rato personal contigo mientras me entrevistas. Su voz es baja y directa, sus palabras dichas por un hombre que está acostumbrado a coquetear descaradamente. Hace que un torrente de conciencia s****l recorra mi cuerpo y me reprimo mentalmente. —Entonces es tu día de suerte, porque tengo muchas preguntas para ti, —bromeo. Mira a su alrededor y me doy cuenta de que no ha soltado mi mano. Es fuerte pero me sujeta con delicadeza, como si fuera consciente de lo pequeña que es. Tengo un pensamiento fugaz sobre cómo sería que él recorriera mi cuerpo con esas manos. Contrólate, Ever. Estás aquí para trabajar, no para tener fantasías sexuales con tu entrevistado. —Te diré algo, —Linc irrumpe en mis pensamientos—. Vamos a sentarnos junto al agua, lejos de la música, y podemos hablar. —Me parece bien. —Retiro mi mano de la suya y tomo mi bolsa. Volviéndome hacia Emily, le hago un rápido guiño—. Nos vemos luego.
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