Los preparativos para la boda de Natalia y Jonathan, Elisa y Amílcar, estaban en marcha desde hacía meses. Cada detalle, cada elección, era meticulosamente planeado para que todo fuera perfecto. No querían que nada quedara al azar, especialmente en una ocasión tan especial como esta, en la que unirían sus vidas con las personas que amaban. Natalia, sentada junto a Elisa en la sala de su casa, repasaba una y otra vez las opciones de diseño para su vestido. Ambos habían decidido que ellas mismas serían las encargadas de diseñar sus trajes, con la esperanza de que algo tan importante para ellas fuera único y reflejara su personalidad. Elisa, siempre tan tranquila, pero con una visión clara de lo que quería, era la que más pensaba en los detalles. Natalia, por otro lado, dejaba que su creati

