Barbra. Ladeo mi cabeza y entrecierro mis ojos observándolo. —¿Acaso sabías que trabajo especialmente en este restaurante? —inquiero. —No… —se eleva del sillón —. No sabía que estabas aquí, pero ayer al ver a Ricardo y escuchar que faltó una de las empleadas llamada Barbra Evans. Me imaginé que eras tú. Asiento lentamente. —Entiendo… —Te tengo más cerca —se detiene frente a mi he introduce sus manos en los bolsillos de sus pantalones grises. —¿Así? —me cruzo de brazos mirándolo a sus ojos cafés —. ¿Cómo para qué, Cedric? O bueno perdón, jefe —corrijo en un tono serio. —Para conquistarte. Si que estás dura Barbra —sonríe divertido. —No volveré contigo después de lo que hiciste —recuerdo —. Y estoy trabajando ¿No crees que es algo inapropiado que me interrumpas? No me responde y m

