Barbra. —Entonces dígame, señor —refiero con suavidad aún sin apartar la mirada de él —. ¿Cómo hago para arreglar lo ocurrido? Mirándome con seriedad, habla —Muy bien —musita dejando su vaso lleno de whisky sobre la mesa —. Comencemos por la razón a la cual vinimos —me vuelve a mirar. Elevo mi mentón con suavidad —¿Dígame cómo haré para pagar lo que debo? —inquiero —. Eso que nos beneficiará a los dos. Sólo me mira y después separa sus labios para hablar —Bien —comienza —. Es una auto costoso y del lado del copiloto quedó algo horrenda ¿Me preguntó cómo viviste? Intento hablar pero él lo hace de nuevo. —Bueno, hay un dicho que dicen por allí… ¡No lo digas! ¡No lo digas malditooo! —Hierba mala nunca muere —expresa lentamente. —¿Y entonces? —digo de mala gana. —Mi hermoso

