Capítulo cuarenta y tres. En el olvido. Lo único que se escucha en la habitación es el sonido de las máquinas que señalan los latidos del corazón de Alexandre. Observo sus ojos cerrados y solo deseo volver a ver esas aguas tormentosas que me admiran todos los días. Según el doctor está fuera de peligro. La bala no tocó ningún órgano, solo que perdió demasiada sangre. Entró y salió sin dejar consecuencias. Por suerte, Dimitri actuó con rapidez debido a que si se hubiera tardado unos minutos más, mi ruso no la cuenta. Entra una de las enfermeras que dejaron a cargo de su cuidado. Revisa los aparatos y el suero. Al terminar me informa que dentro de una hora, Alex debe despertar por la culminación del sedante. —Hola —susurra Hannah cuando entra silenciosamente en la habitación—. Hace una

