Una charla pacífica en aquella sala de su hogar lejos de la ciudad los tenía reunidos, sonrisas, recuerdos, Berlyn a cuarenta minutos de Dresh y con pocos habitantes se había convertido en el lugar preferido de ambos. —¿Mi padre te ha dicho eso?— repitió la rubia con asombro, su padre era un hombre honorable algunas veces, pero al final del día carecía de empatía y era tonto. Ella dejó escapar un gesto de disgusto. —Ahora no solo debo aguantar sus infidelidades, sino también las tuyas— bromeó a su dirección, a solo treinta centímetros de distancia Noah la observaba. —Es ridículo, esto está por terminar, cuarenta días, mañana moveré algunas cosas a mi nuevo apartamento, espero no te moleste— el tema cambió y las risas se extinguieron en seguida, ya que se trataba de un tema serio, no se

