Los días transcurrieron veloces para ellos en aquella propiedad alejada de la ciudad, todo había sido restaurado, y las rutinas creadas para cada uno de ellos, Noah salía de la propiedad a las seis de la mañana, mientras que Nilüfer lo hacía a las ocho, regresaban a las siete y pasaban el tiempo restante del día juntos, de igual forma las normas fueron puestas de nuevo sobre la mesa. El amor estaba prohibido en aquellas paredes, aunque los sentimientos de pasión no ayudaban a nadie, porque el deseo era una latente. Después de un tiempo el rumor de infidelidad fue dejado atrás, todos habían vuelto a confiar en esa pareja afortunada, Noah era la sensación, el modelo a seguir, había pasado de no tener nada a ser una promesa deportiva con ceros en su cuenta bancaria y buenas jugadas.

