Vi mi mundo venirse abajo, mi relación con mi padre no es la mejor, pero eso no significa que lo odie; amo a mi padre a pesar de todo lo que ha pasado, nunca creí que en medio de una de esas discusiones terminaría desplomándose. —¡Llamen una ambulancia! —grité lanzándome al suelo para sostener la cabeza de papá—. ¡Dense prisa! ¡necesito ayuda! Miré a Gabriela y esta no reaccionaba, estaba petrificada en medio de la sala de estar. —¡Señora Lorna! —grité al ver que esa mujer no hacía nada. —¿Qué son esos gritos? ¿Qué ocu…? ¡Oh, por Dios! La ambulancia no tardó en llegar, todos nos pusimos en alerta porque eso no es normal en mi padre, yo me sentía muy mal, culpable de que se haya desmayado. Un rato más tarde, estaba en la clínica más cercana esperando a que mi madre llegara. —Cari

