Cap 5: Recuerdos (*)

1720 Palabras
No sé en dónde estoy, ni como como llegue aquí, todo mi cuerpo duele y quema, no puedo moverme, hasta el más mínimo movimiento que hago me causa dolor. Con un gran dolor apuñalando cada célula de mi cuerpo, hago un intento para poder ver a mi alrededor, estoy en una gran habitación con olor a pino, necesito ver más, con otro gran esfuerzo cargado de dolor logró rodar hasta la orilla de la gran cama, pero en un intento desesperado por ver más, me caigo. En mi desperado intento por agarrarme de algo y amortiguar mi caída lo único que consigo es tumbar una lampara y hacer mas ruido del que ya he echo. Una gran punzada de dolor me invade en el momento que mi cuerpo toca el pisó, si antes no me podía mover ahora menos, lo único que me queda es rogar para que nadie haya oído el gran ruido que hice… Oh oh, muy tarde... La puerta frente a mi se abre y emerge una gran figura con un aura Impotente, no logró ver su cara por que las luces de la habitación están apagadas. — ¡Diablos! — susurró con frustración. El intruso parece haber oído lo que dije por que suelta una pequeña risa ronca – ¡Maldición!, ronca y sexi chica – mi mente no ayuda mucho en esta situación. — Oh, si, diablos — susurra cerca de mi oído. ¡Demonios! Si oyó lo que dije, ¡esperen un momento!, en que momento se acercó tanto, ¡Dios!, Ven a lo que me refiero, mi mente me distrae tanto que se me acercan y ni cuenta me doy. — Toc, toc, hay alguien hay — dice dando pequeño toque en mi cabeza — Tierra llamando a La Diablos. ¡Queeee! Me acaba de llamar "La Diablos", podrá ser un extraño pero me ¡¡las pagara!!. — Te comió la lengua el raton — Indaga al ver que no le respondo — Hey, ya estoy al borde de mi paciencia y créeme que eso no es bueno — Vuelve a decir con la voz cargada de ira. Oh, cariño, no me comió la lengua el ratón, solo que estoy un poco frágil y aterrada, no sé dónde estoy, ni como llegue aquí, tomó mi cuerpo me duele y para completar al gran imbécil que tengo en frente solo se le ocurre llamarme la diablos — La diablos, en serio? — contestó fingiendo estar indignada por su horrible apodo — Primero que nada, querido, se saluda, al menos ten un poco de educación y dado el caso de que somos completos extraños y no sé dónde estoy ni como carajos llegue aquí, creo que merezco un poco de respeto — digo encarándolo — Me llamó Sofia, no La Diablos. Creo que no le gusto mi contesta porque empezó a respirar pesada mente, me importa un carajos que este molesto, sigo tirada en el suelo como un trozo de basura y a este intruso o como sea que se llame, no se ha dignado ni siquiera a ayudarme a levantar. — No eres normal cierto? — indaga con tono de burla. Pasó a creer que el que no es normal aquí es otro y no yo. — Que te hace creer que no lo soy? — preguntó curiosa. — Pues no es obvio — suspira con pesadez esperando una respuesta, al ver que no respondo vuelve a hablar — Desde que llegue estás en el piso y te he dado una oportunidad de que hables y lo único qué haces es decir algo tonto, eso o lo quieres más claro — responde claramente enojado. ¡¡Maldito hijo de puta!!, será que no ve que no me puedo mover por mi sola – ha, pero no pensaste eso antes de rodar por toda la cama como un trozo de sushi, oh, casi lo olvido, controla tu ¡¡vocabulario!!– nadie pidió tu opinión conciencia. — Es que el piso está muy delicioso — manifestó tajantemente. Juro que si dice otra cosa estúpida he idiota, explotare, literalmente, le gritare en su cara cuan idiota he imbécil es. — ja, ya voy viendo que no ere muy normal que digamos — responde con una risa burlona — tal ves te falte unas que otras neuronas. Se los advertí, ya no aguanto más, está ves si explotare. — ¡¡Maldito imbécil!!, al que se le quemaron la neuronas fue a ti — se tenía que decir y se dijo, mejor dicho se grito, por que le acabo de gritar en su cara cuan imbécil es — ¡¡No estoy tirada en el piso por conveniencia propia, me caí de la cama, me duele todo el maldito cuerpo y no puedo moverme por si sola!!— volví a gritar. Ok, Sofía, tiene que calmarte un poco, estás muy alterada, inhala y exhala, exhala lo malo y inhala la bueno. — Te estaba dando una maldita oportunidad de vida — gruñe — Y la acabas de desperdiciar. Creo que oí mal, ¿acaba de decir oportunidad de vida?, sip, definitivamente oí mal, porque el único que puede dar oportunidades de vida es Dios, puede que no sea religiosa pero tengo bien claro que el único queda oportunidades de vida es Dios. — Ajá, ¿y acaso tú eres Dios y no me entere? — pregunto — Porque que yo sepa el único queda oportunidades de vida es Dios. Jeje, eso clara mete lo enojo más. Se acerca más a mi y me agarra por la barbilla haciéndome daño. — Au, eso duele — me quejo tratando de soltarme de su agarre. — Eso lo hubieses pensado antes de gritarme — exclama mientras me toma por el brazo — Mira maldita mocosa, a mi nadie me grita, y si no quieres acabar muerta como tus padres te sugiero que calles tu madrina boca — ejerce presión en mi brazo lastimándome y causándome un dolor terrible. En el momento en que menciona a mis padres comienzo a recordar todo. Recuerdo van y vienen, mis padres siendo atacados por eso monstruos extraños, la voz de mi cabeza, yo corriendo por mi vida, la cosa que me atacó, cómo pude olvidar todo eso. — Mis pa padres — digo entre lágrimas tratando de soltarme frenéticamente de su agarre doloroso — Mu murieron — no aguanto más y me derrumbo. Pataleo, gritó, lloro, he intento soltarme de agarre del extraño, pero no puedo, me aprieta cada ves más el brazo como si quisiera partirlo de un solo apretón, ya no tengo fuerzas para defenderme la único que quiero es salir de aquí y ver a mis padres. — Te tengo que salir de aquí — lloro desconsoladamente — Mis padres no pueden estar muertos. Me toma de nuevo por la barbilla y me obliga a mirarlo. — Tus padres están muertos, murieron — dice descaradamente sin el más mínimo signo de remordimiento en su rostro — así que deja de llorar como una puta niña, cállate de una maldita ves. Me pongo roja de la impotencia, acabo de recordar cómo murieron mis padres, no puedo con el dolor que tengo en mi alma y este maldito idiota me dice que me calle como si fuera tan fácil de hacerlo, tan fácil de olvidar que mis padres murieron por mi culpa, ¡mi maldita culpa!. — No me pienso callarme, porque a ti te de la maldita gana de que me calle — exclamó limpiándome me las lágrimas. — Pues si quieres tú maldita vida te vas a callar — gruñe claramente enfadado — Puede que te hayas salvado y no hayas muerto como tus padres, pero una cosa si te aseguro y es que si vuelves a retarme tendrás una muerte mucho peor. Si me mata me hace un favor, así que dejé sus palabrerías y me mate de una buena ves y listo, feliz el y feliz yo. — Si tanto deseas matarme, hazlo de una buena ves — ofrezco — No me opondré, mis padres están muerto, ellos eran mi única razón de vida. La habitación todavía esta a oscuras pero puedo visualizar una mínima expresión de sorpresa pero ha si como pasó por su rostro se fue. — Enserio crees que me creeré esa mentira — dice duramente — Corriste para salvar tu vida mientras un demonio te perseguía, y acabas de decirme que no tienes una maldita razón de vida, definitivamente no me creeré esa mentira. Acaba de decir demonio, entonces la cosa que me perseguía si era un demonio, pensé que esas cosa no existían. — Pues te la creas o no, es la verdad, mis padres y mi prima eran la única familia que tenía, no tengo hermanos, ni primos, ni nadie importante en esta vida que me vaya a extrañar — explicó — Todos los que quiero mueren por mi maldita culpa, mi tía murió hacen años tratando de salvarme de una de esas malditas cosas y ahora mis padres mueren de la misma forma — digo sinceramente Justa mente en el momento en que da la vuelta hacia la puerta y pienso que se irá por mi triste y desgraciada historia de vida. Enciende la luz rebelando a un hombre alto de cabello oscuro. Su musculosa espalda está a hacia mi, vestía una chaqueta negra a juego con unos pantalones del mismo color, no era en absoluto lo que yo esperaba ver cuando encendiera la luz. La piel dorada brillaba por la luz. Cuando se gira hacia mi. Quede sin palabras, era la viva imagen del pecado en persona. Llevaba una camisa blanca de bajo de la chaqueta. Su pecho y su torso estaban cincelados de una manera que indicaba que estaba bien familiarizado con la lucha. Mi atención se centró en un tatuaje n***o con líneas de dorado metálico en el lado izquierdo sobre su cuello, no tube tiempo de ver de que se trataba por que está encarando me por completo, respire hondo cuando finalmente lleve mi mirada ha su cara. Quede en shock, iris dorados oscuros con motas negras me devolvían la mirada. Hermosos, raros y letales. Una sola ves en mi vida había visto unos ojos como esos y fue cuando mi tía murió. — Imposible — murmuró.
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