Capítulo 2

1565 Palabras
*** Miradas que prometían ser eternas.     Solté un quejido al removerme y sentir que una punzada se incrementó en mi cabeza. Entreabrí despacio mis ojos y con ellos entrecerrados explore el lugar donde me enfrentaron. Estaba en una cama matrimonial cubierta en sabanas de ceda blancas y lilas. Respire forzada al saber que este lugar no era mi casa. Esta vez me atreví a observar todo lo que me rodeaba: Era una habitación grande con paredes blancas, había en una esquina un gran escritorio caoba con su silla agregada del mismo color, más una lámpara de mesa. Al otro lado se podría observar una puerta que supuse era el baño. Lo que me dejo sorprendido es que en la habitación había un balcón agregado dos puertas de cristal estaban abiertas haciendo que la luz de la noche y el viento fresco entrara por este.   Seguía observando ensimismada por el lugar donde me encontraba hasta que detectaba un movimiento por el rabillo de mi ojo y observaba a alguien que estaba abriendo la puerta principal. Sentí mi corazón acelerarse y me arrincone más al respaldo de la cama y codifiqué mis pies más a mi cuerpo.   —Veo que ya despertaste —Dijo un pelinegro al entrar por completo a la habitación.   Lo mire fijamente sin dejar mi posición y observar su cuerpo largo y fornido forrado por chaqueta y jeans negros mientras debajo de la chaqueta usar una camiseta gris. Su cabello azabache desordenado mientras sus ojos Avellanas me observaban fijamente y ahí observar más un detalle su rostro: Sus facciones eran delicadas y masculinas, los huesos de su perfilada barbilla destacaban mucho, más una barba de dos días se presentaba en el contorno de esta haciéndolo lucir más maduro. Su forma de mirar era penetrante, pero a la misma vez demostrando una autoridad cálida.   —Soy Alex —Se presentó al no ver respuesta de mi parte.   Lo mire, todavía los recuerdos de mi madre no se iban de mi mente y no pueden gesticular ninguna palabra. Teníamos tantas ganas de llorar, de hacer rabietas y de volver al pasado para no irme y dejarla sola.   Soy una inútil. Una tonta e inútil. Sentí mis ojos cristalizarse y picar. Y la primera lagrima callo y después le siguieron las demás. Ahogue un sollozo y sentí unos pasos acercarse y vi las ropas negras de Alex mientras él se inclinaba para quedarse a mi altura.   Levante mi mirada y yo topé con sus ojos que me miraban como si no supiera que hacer, sus cejas estaban fruncidas y levanto su mano derecha de forma indecisa de si acercarla o no, pero al final tratados por acercarla y limpio las lágrimas que caigan de mis ojos humedeciendo mis mejillas.   Me patético por llorar delante de un chico, pero más era mi dolor que temía, en este momento me era de indiferente lo ridícula y débil que podría quedar frente al chico.   - ¿Dónde estoy? —Pregunte, con voz ahogada sorbiendo mi nariz cuando el alejo sus manos.   Alex suspiro y una pequeña sonrisa se asomó en sus labios, pero rápidamente desapareció, dando un rostro inexpresivo. Sus ojos avellanas eran ...   Hermosos Era una liga de verde con marrón, con alguna pigmentación amarillenta. Eran hermosos y atrayentes.   —En Castillo de la mansión —Respondió luego de unos segundos de estarnos mirando fijamente. Desvié mi vista y carraspee mi garganta sintiéndola de pronto seca. Vi a Alex de una manera ágil levantarse y pasarme un vaso que estaba en la mesita de noche con unas pastillas. La tomo con el ceño fruncido y el con una voz tranquila mencionado:   —Son calmantes, te ayudaran con el golpe en la cabeza.   Asentí entendiendo y confiando en su palabra él tomé y las metí en mi boca para después sentir como el agua arrastraba las pastillas por mi garganta mientras saciaba toda mi sed.      Grabe la silueta de la persona que retuvo mi caída y no pude evitar sentirme agradecida por haberlo hecho. No era su responsabilidad, pero aun así lo hice así que decidí darle las gracias a Alex.   —Gracias por ayudarme —Le regale una sonrisa de labios cerrados mientras pasaba un mechón de mi cabello castaño por detrás de mi oreja.   El sonrió y negó lentamente.   No hay de que, luna. —Su voz era lenta, mientras giraba lentamente su rostro y fijaba toda su atención en la puerta de salida de la habitación. No entendí porque se quedó mirando el lugar, hasta que vi como la puerta era abierta de par en par dejando ver un alto y musculoso hombre.   Yo aparte mi vista incómoda y Alex soltó una risita. Para después salir de la habitación y dejarme con el tipo que acababa de entrar y se había puesto en una posición tranquila en el marco de la puerta.   Seguía sin mirarlo completamente. De la nada me sentí extraña y nerviosa. Estruje mis manos intentando disimular el gesto, y fallando en ello. Sentido como el peso de la cama a mi lado se hundía y ahí está mi corazón se aceleraba sin piedad.        —Tranquila, no te hare daño —Así que era voz profunda, ronca y suave. Lo mire, nos miramos, y nuestras miradas conectaron como si fueran miradas que se anhelaron por eternidades.   Mis ojos mieles se toparon con sus ojos azul celeste, con pigmentación verde. Eran extraños y hermosos. Me fije en su rostro, en su barbilla cuadrada, en sus gruesos labios húmedos, en las finas hebras castañas de su cabello embaucado de gel haciéndolo caer en un ordenado estilo hacia tras.   El también me observaba y nuevamente nuestras miradas volvieron a conectar, pero esta vez la suya estaba más oscura y profunda, con cierto brillo que no pude diferenciar ni saber el significado.   —Mía —Gruño, pasando delicadamente su dorso por el contorno de mi cien hasta mi mejilla.   Sorprendida por la corriente electrizante que envió su tacto a mi cuerpo me aleje. Mis ojos lo miraban ceñuda. Yo no era de nadie. No tenía derecho de tocarme. Esa era una falta de respeto y tambien era propasarse. Él no debería hacer eso. No tenía ningún derecho.   —Disculpe, pero creo que deben alejarse un poco. Me está haciendo sentir incomoda con su cercanía —Dije con franqueza y la honestidad que me caracterizaba.   El me miro y una curva de sus labios se alzó, pero desapareció rápidamente. Se alejó un poco dándome mi espacio e inclino su espalda en el respaldo de la cama.   Yo hice lo mismo, mientras yo alejaba un poco más de él. ¿Qué me pasaba?   —Mi luna —Pronuncio en un murmuro. Como si estuviera saboreando las palabras, no entendía muy bien por qué lo habían dicho, ¿Cómo te llamas? —Preguntó.   Lo mire arrugando mi nariz y sintiéndome incomoda aun así con recelo responder:   -Sofía.   —Sofía ... —Pronuncio nuevamente con esa voz tranquila como si saboreara mi nombre en sus labios. Extraño, pensé en mi mente—. Dexter —Se presentó. Esta vez se irguió, y gire su cabeza para que nuestras miradas volvieran a conectar.   —Está bien —Pronuncie dudosa.   El soltó una risita. Esta salió ronca, mandando un escalofrió a mi columna y haciéndome tragar fuerte.   —Me alegro de haberte encontrado —Dijo Dexter. Sentía su mirada sobre mí, pero no intentas mirarlo a él. Había abajado mi cabeza haciendo que mi cabello se inclinaran hacia adelante tapándome el rostro. Y ahí sentí nuevamente esa oscuridad arroparme con los recuerdos de mi madre y mi casa del bosque siendo quemada. Entreabrí mis labios sintiendo que mi cuerpo se calentaba, era normal, pero aun así no me acostumbraba a un fuego cada vez que sucedía.   No entiendo porque debe alegrarle —Comente intentando que mi voz sonara tranquila y firme, sin dar señales de lo que me pasaba. No quería ser una carga más para estas personas que solo quisieron ayudarme—. Soy una chica simple a la que salvaron. Y les agradezco —Declare rápidamente— Aun así deberé irme pronto.   Vi de reojo como el cuerpo de Dexter se había tensado y su mandíbula estaba apretada. Aun así era cierto, ellos solo me habían otorgado su ayuda. Si no fuera por ellos estaríamos muerta, en estos momentos fuera de algo excelente. Perdí a mi madre, no tengo motivos para quedarme, todo mi yo estaba con ella. Era mi ancla, mi amiga, no sé qué haré ahora sin ella. No tengo a donde ir. Mi casa quizás ya solo es ceniza.   —Tu perteneces aquí —Su voz autoritaria resonó por las paredes de toda la habitación. Era fría y autoritaria, contrario a la voz tranquila con la que me había hablado desde un principio.   Me gire a verlo y el también me miraba con una posición fría y su entrecejo arrugado por el enojo.   No pertenezco aquí —Murmure—. Ya nada me ata a este lugar. Jugaba con mis dedos mientras volvía y miraba cualquier lugar menos a él, menos a sus ojos.  —Eres mía y perteneces aquí —Rugió. Abrí mis ojos como platos y sentí la furia correrme, y el caliente en mi cuerpo aumentar. Dios identificó que iba a explotar.   No soy de nadie, no tengo dueño. El soltó una risa seca y lo último que pronuncio, me dejo en un estado de shock. Quizás cuando lo dije no entendía a la perfección, pero después todo me cayó como balde de agua fría.   —Eres mi luna. Me perteneces. Eres mía y yo soy tuyo. —Lentamente soltó esas palabras, haciendo pausa y énfasis en cada una de ellas.   Y lo peor es que no estaba dispuesto a hacer de nadie. Ni aceptar que acepta que estar atada a alguien por la eternidad.            
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