Capítulo: Maldita genética

1593 Palabras

—¡¿Por qué has roto mi tarjeta?! —exclamó Zahara con evidente molestia. La asistente salió casi de inmediato, asustada. —¡¿Por qué?! —exclamó Azael, severo, tomó las rosas de ese hombre y las lanzó al cesto de basura—. Mi prometida no tiene por qué recibir las rosas de otro hombre, para eso me tiene a mí, para recibir rosas. Azael tomó el florero, y puso las gardenias rojas ahí. Zahara estaba molesta. —¿Prometido? —luego rio—. Eso suena tan ridículo para ti. Ella intentó alejarse, pero el hombre se acercó y la atrapó en sus brazos, estrechó su cintura, mirò sus ojos. —¿Te importa tanto ese tipo? Zahara rodó los ojos. —¿Celoso? —exclamó ella. —Sí y mucho, demasiado, ¿Entiendes? Y si lo veo merodeando a tu alrededor, juro que haré que se arrepienta de mirarte. —¡Oh, bravo! ¡Qué

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