La luz del sol en la mañana llenaba la habitación de colores cálidos y hermosos, quería abrir completamente mis ojos, pero me era imposible hacerlo a esta hora de la mañana. Se me hacía raro despertarme en mi antigua habitación, había pasado toda mi vida aquí. Habíamos viajado varias horas desde la casa de mis abuelos hasta la de mis padres, pero aun así no asimilada bien el hecho de estar aquí. Palpé el colchón a mi lado donde se suponía que estaría Liam, pero el lugar se encontraba vacío. Me gire con bastante voluntad hacia mi izquierda sólo para comprobar lo que ya sabía, que no estaba allí. Hoy cumplía veinte años, veinte. Un número que siempre anhelé, pero al mismo tiempo siempre se me hizo muy lejano, creía que uno se sentía diferente al llegar a esa edad, más maduro, o al meno

