—Clarisse, despierta —ronronearon cerca de mi oído, pudiendo incluso sentir la calidez del aliento que me hablaba junto a un suave roce sobre mi brazo. Abrí los ojos lentamente, siendo traída de vuelta al mundo real por la voz de Zaid, quien me miraba fijamente con una sonrisa ladina mientras me removía perezosamente entre las sábanas desordenadas. —Hola —respondí sencilla, con voz pastosa y sonrisa somnolienta. —Buenos días, Bella Addormentata —murmuró tierno, con ojos dóciles y dulces. Quise pellizcar mi brazo para asegurarme que esto no era un sueño y que no me estaba derritiendo como mantequilla ante una simple mentira de mi creativa mente. —Buenos días. —Sonreí como tonta y él me besó fugazmente. —Es hermoso verte despertar —dijo acariciando mi rostro, llevando un calor risueño

