Observaba con una amplia sonrisa el extenso prado verde que se extendía a nuestro alrededor mientras mis hermanos pegaban la frente contra la ventana del automóvil, dedicándome a respirar profundamente el aire que hacía muchos años no respiraba, sonriendo con una cálida melancolía ante la oleada de recuerdos que se agolparon frente a mis ojos, trayendo a memoria cómo varios años atrás corría por ese mismo pasto, cómo mis padres me perseguían preocupados cuando insistía en andar sola en Tormenta, mi yegua, y cómo después yo tenía que cuidar de mis hermanos mientras mis padres conversaban con mis abuelos. Recuerdo también una Navidad que pasamos en la misma casa que se acercaba cada vez más a nosotros, reuniéndose toda la familia, bebiendo el producto del viñedo Lettieri y esperando las doce

