Bianca levantó un hombro y bajó la mirada hacia la mesa de roble. —El... el... eh... potencial del software podría usarse para una multitud de aplicaciones —balbuceó Dylan, intentando desesperadamente recuperar la venta. Estaba agarrándose a cualquier cosa. Neil tuvo que contener la risa. Los estaba desarmando, bajándolos un poco. Cuando llegaron a esa reunión, ambos creían tener todo asegurado. Seguro que jamás habían tenido que enfrentarse a alguien como él. Un verdadero tiburón, con más dinero del que podían imaginar y el instinto afilado de quien sabe cuándo huele sangre en el agua. Eran pequeños peces fuera de su pecera, boqueando, y Neil saboreaba cada segundo. —Sí, soy consciente de que un software como este podría tener su utilidad. Pero dime —se acomodó en la silla, mirándolos

