*Narra Lila*
La semana fué un poco agotadora, tuvimos varios exámenes y presentaciones, por un lado quería que llegase el fin de semana para descansar, pero por otro lado no, porque sabía que tenía que ir a casa de Mónica.
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── maldita sea -me quejé mientras daba manotazos para poder apagar el fastidioso despertador.-
Cuando lo logré, me puse de lado y me tapé más con las mantas.
En cuanto abrió la puerta, fingí estar dormida.
── vamos Lila, tengo que llevarte a casa de Mónica, no quiero que se me haga tarde -no me moví.- cariño, por favor, no te hagas la dormida.
── no me siento bien, no quiero ir.
── no empieces y párate, te doy quince minutos para que te arregles y cojas tus cosas.
── joder.
── Lila.
── ya, ya.
Aparté las mantas y me bajé quedando sentada en el borde.
── sé que no te gusta pero es lo que hay -besó mi pelo y fué hacia la puerta.- como tardes mucho en bajar, me comeré tus tortitas.
── de eso nada -lo escuché reírse.-
Me duché, cogí la mochila del instituto, el móvil y bajé.
No me hace falta llevar ropa porque allí ya tengo.
Me senté en la mesa y desayuné con él.
De camino a casa de Mónica lo miré. Él tiene 40 años y Mónica 37, me tuvieron muy jóvenes, él tenía 23 y ella 20. Mi padre es alto, de tez muy clara, no es ni gordo ni delgado, está normal, su pelo es n***o con algunos toques de grises, y por supuesto que heredé sus ojos azules. Y de Mónica... de ella prefiero no hablar por ahora.
── papá, ¿tú me quieres? -sonrió.-
── ¿y esa pregunta, Lila? tú eres la razón de mi existir, eres mi felicidad, lo eres todo para mí, sabes que te amo.
── ¿y si me amas por qué me llevas a la casa de Mónica?
Suspiró.
── allá volvemos, todos los fines de semana empiezas con lo mismo, ¿no te cansas?
── ¿y tú no te cansas de tener que aguantar siempre esto? -le pregunté.-
── por supuesto que sí.
── pues ahí está la clave, si no me traes, no tienes que aguantar esto todos los fines de semana.
── el problema es que hay que hacer lo que dice el juez.
── tenemos que hacer lo que dice una persona que no conocemos y que no vive con nosotros.
Se rió.
── mejor bájate ya -dijo cuando aparcó.- nos vemos el lunes, mi amor.
── hasta el lunes, papá -besó mi frente. Bajé del coche y cerré la puerta.-
── te quiero, cielo.
── si me quisieras no -arrancó antes de que terminase de hablar. Me quedé con la boca abierta viendo como se alejaba.- te pasas.
Me acerqué a la puerta y toqué. Cuando abrió entré sin verla.
── Lila.
── no me apetece hablar contigo.
── hoy comeremos con mi novio -me giré a verla.-
── ¿hoy?
── sí, comeremos fuera -rodé los ojos y seguí con mi camino hacia mi habitación.-
Un poco antes de la hora de comer, me arreglé. Había optado por un vaquero n***o, un jersey blanco ajustado y una chaqueta negra de cuero.
── ¡baja!
Cogí mi bolso y bajé. Nos montamos en su coche.
── te caerá muy bien, ya verás.
── sí, seguro -rodé los ojos.-
Llegamos antes, nos sentamos en una mesa a esperarlo.
Más tarde, un chico se quedó de pié mirándonos, sonrió y acercó una rosa a su cara. Sonreí, parecía un payaso. Un payaso lindo. Parecía tener mi edad.
Se acercó.
── hola -saludó a mi madre con un beso en la mejilla, y a mí me extendió la mano.- ¿tú eres Lila, no?
── sí, y tú debes ser el hijo del novio de Mónica, ¿no?
Sonrió y se sentó.
── yo soy su novio -dejé de sonreír.-
── ¿perdón?
── Lila -la interrumpí.-
── no Mónica, podría ser tu hijo joder, y si pretenden que los apoye con esta tontería, están muy equivocados -cogí mi bolso y me paré.-
── Lila
── ¡déjame en paz!
Fuí caminando hasta un bar. Pedí un trago.
Empecé a recibir llamadas de Mónica, pero no contesté a ninguna.
Estuve hasta la noche en el bar.
*Narra Julio*
Estaba cenando cuando recibí una llamada de Mónica.
── ¿pasó algo, Mónica?
── Lila se fué a la hora de la comida y no ha regresado, estaba enojada.
── debiste llamarme antes, Mónica.
── esperaba que regresara.
── voy a llamarla.
Colgué y llamé a Lila.
── Lila, ¿dónde estás?
── en un bar, ¿puedes venir a buscarme?
── ¿cómo se llama el bar? -la escuché preguntarle a alguien, luego me dijo el nombre.-
Colgué y salí de casa.
Cuando llegué, entré. Tenía la cabeza apoyada en la barra y con una mano sujetaba un chupito.
Me acerqué a ella.
── Lila.
── papá -me miró.-
── dios, apestas a alcohol -miré al camarero.- ¿me da su cuenta?
Pagué. La sujeté y salimos.
── no me lleves a casa de Mónica.
*Narra Lila*
Me moví mirando hacia el techo. No dejaba de dar vueltas, así que cerré los ojos.
── joder.
── Lila, ¿estás despierta?
── sí.
Ni siquiera recuerdo cuando me tumbé, solo recuerdo a papá metiéndome en el coche.
── ¿por qué bebiste tanto? -lo miré.-
── estaba enojada. El novio de Mónica podría ser como mi hermano.
── ¿tanto así?
── sí, creo que solo me lleva uno o dos años.