Deja la bandeja sobre una pequeña mesa que hay a un costado cerca de la pared junto a la ventana. Levanto la mirada y me encuentro con unos ojos pícaros como el océano que con sus olas te invita a sumergirte en ellos. Con sus ojos que brillan en la oscuridad como si fuera un animal salvaje que vigila a su presa. Allí está... el hombre que he visualizado en sueños y en visiones. Él... el que alimenta cada uno de mis pensamientos y sentimientos lujuriosos. Allí parado frente a mí, vistiendo ése pantalón ligero de seda azul oscuro y la camisa del mismo color, mangas largas y sin abotonar, abierto en su totalidad, luciendo un torso marcado, musculoso, firme y una piel canela que combina a la tenue luz de la luna que entra en la habitación que se nota algo bronceada que en el día es más claro

