Vicenzo. Dejé de escribir en mi computadora portátil en cuanto el sonido de la puerta de la oficina abriéndose me distrajo. Levanté la mirada y me encontré con la mirada altiva de mi hermana, Alessandra Coppola. —Buenas noches, Vicenzo...—arrastró las palabras poniendo su bolso de cuero sobre el sofá y sentándose frente a mí. Busqué una botella de vino para servirle un poco lo más pronto posible. —Buenas noches Alessandra...—voy a ser honesto, no me agrada en lo absoluto que ella esté acá debido a que nuestra relación de hermanos es la peor de todas seguramente—¿Puedo saber qué te trae por aquí? Casi nunca nos vemos y el que vengas a visitarme a mi oficina me resulta extraño en varios sentidos. —Tengo algo que decirte, y es importante, tanto que tuve que venir hasta tu oficina para ser

