Enngel. Aun con la pesadez en mis ojos, intenté abrirlos. Mi cuerpo se sentía pesado y todo era oscuridad. No recordé nada en esos momentos, mi mente estaba en blanco y solo luché por al menos identificar mi alrededor. Cerré los ojos de nuevo y no traté de abrirlos más… Unos dedos se pasearon por mi rostro, con lentitud y suavidad, y escuché esa voz: —Tranquila mujer, solo contemos hasta cinco. No era consciente de nada, ni siquiera estaba segura si yo, era yo. Y conté hasta cinco, pero no cambió nada —Contemos otra vez —dijo —Uno… dos… —Ediel… —pronuncié Las caricias en mi rostro se detuvieron —Ese es un nombre que debes empezar a olvidar desde ahora… Moví la cabeza despacio, negué, recordaba a Ediel… y necesité que me explicara qué pasaba. —Y cinco… Escuché un chasquido, abrí

