Enngel. En medio de la habitación me encontraba parada entre el desastre, consecuencias de una semana sin dormir haciendo ajustes necesarios. Aunque el perfeccionismo era algo a lo que renuncié, en esa ocasión si quería presentar los cuadros perfectos. Debía salir en diez minutos y mis manos estaban llenas de pintura, porque se me ocurrió empezar un lienzo a última hora. Escuché la aproximación apresurada de unos pasos en el corredor, solo era cuestión de segundo para escuchar el reclamo: —¡Enngel, se nos hace tarde! Me acerqué hasta el lienzo y agregué las últimas pinceladas, luego alejé mi mano con una sonrisa. La puerta se abrió de golpe… —Tú nunca aprendiste a tocar, ¿ya no lo harás? —Tenemos diez minutos de retraso, Enngel —Ediel entró, él ya estaba listo con un traje de dos pi

