Ediel. De mal en peor, era tan claro que no era un momento boyante para nuestra familia. Mi viejo estaba furioso, yo lo estaba y sentí las mismas ganas de destrozar al mal nacido de Donal. Emerson salió rumbo al hospital en busca de Owen; Lewis y yo lo acompañamos. Ya era de noche, motivo por el cual los doctores no permitían las vistas. Mi padre llamó al doctor Johnson, el que le negaran entrar, lo crispó más, a él no le gustaba un no por respuesta. —Necesito ver a Owen, ahora mismo —dijo Emerson a Johnson a penas llegó. —Lo que sea, creo que puede esperar —respondió él. —La seguridad de mi hija no puede esperar. Johnson suspiró. —Vamos. Lo seguimos. En la habitación, una enfermera estaba pendiente de Owen, él tenía los ojos cerrados. La enfermera nos hizo saber que tenía alg

