Enngel. La forma en la que empezó el día, el desayuno con Ediel y lo que sucedió en el evento no me permitió deducir como avanzarían las cosas. No pensé en terminar con Emily en el hotel después de buscarla y hallarla donde no lo esperé. Cuando aún estaba en la casa de campo, siendo interrumpida por el sonido del celular que no era mío, me asusté; bastó reparar la presencia de Alfred para serenar mi recelo. Me aproximé a él, que se detuvo sosteniendo ese porte adusto. Sobre su traje ne’gro, usaba una gabardina larga del mismo color de su ropa. —¿Qué haces aquí, Alfred? —le pregunté. —La seguí por como salió de la casa. Sé, el señor Ediel le ha confesado la verdad. —¿Entonces, esa historia es verdad? —Me mostré desconcertada. El mayordomo asintió sin cambiar su gesto imperturba

