Enngel Una deslumbrante luz solar se colaba por la ventana del despacho, sirviendo esta de iluminación al ambiente. Después de que estuvimos de acuerdo en firmar el contrato matrimonial, Ediel y yo nos reunimos con el abogado James para concretar todo. Habíamos hecho nuestras reglas y algunas solo entre nosotros. —Deben presentarse a las reuniones a las que asistía el señor Emerson, y claro está que deben ir como pareja —dijo James. —¿Debemos anunciarlo? —pregunté. —La gente se dará cuenta. Desde mañana pueden empezar a trabajar… —Se puso de pie—. Ha sido un gusto, cualquier cosa me llaman. Él le extendió la mano a Ediel, pero este no la recibió, había aceptado más por obligación; yo elegí ser cortés y le di el apretón. —No se olvide de avisarle a mi tío —le recordó Ediel. El abogado

