Enngel. La noche resultó tan intensa y descontrolada que no fui consciente en que momento quedé dormida. Desperté con pesadez y un fuerte dolor de cabeza; no recordé lo último que pasó, pero solo imploré no haber sido una irresponsable y haber tomado alcohol, aunque las chicas estuvieron pendiente de mi comida, pero con lo emocionada y distraídas que estaban no sé que tanto me cuidaron. Puse la mano en mi cabeza por el pulsante dolor. La luz del sol me cegó, incrementando la dolencia; cerré los ojos y me recosté, al parecer estaba en el sofá. —Chicas… —llamé —¿Olga? ¿Osle?, ¿pueden acercarse? No escuché nada. Intenté sentarme, mis párpados se sentían pesados. —Tranquila, mujer. No hagas ningún esfuerzo. Aquella voz era grave, varonil y pasiva. Abrí los ojos un poco sin captar algun

