Narrador. Meses antes. A Inglaterra llegaba el otoño, los árboles empezaban a perder sus hojas. Las ciudades presumían los tonos ocres. En Londres, justo al frente del hotel cuatro estrellas Starling, la acera era cubierta por las hojas, mismas que sintieron el paso del imponente Emerson Harper, quien antes de adentrarse al hotel le indicó a su chofer que se tomara la semana libre. Caminó dentro de la propiedad a paso firme. Los empleados conocían su inconfundible figura, su estatura le daba un aspecto más augusto. Salió del elevador. Una vez verificó, no había nadie a su alrededor, relajo su rostro, aunque tenía una cosa en su cabeza: ¿qué querrá ese hombre ahora? Al apartar la pregunta, entró a la suite. Nadie estaba en ella, bufó. Se acercó a la licorera, siendo su próxima acción

