Osle Peterson —Oh, Dios… —las palabras se arrastran por mi lengua, al igual que lo hacen las gotas de agua que bajan por mi piel directo al suelo mojado de la ducha. Suelto un suspiro antes de que una sonrisa se abra paso entre mis labios que han de estar rojo y no por labial, en todo caso se debe a una buena ducha—. Nada mejor que una ducha caliente. —De acuerdo, señorita Peterson. Giro hacia el hombre de ojos grises profundos que me devuelve la sonrisa, aunque la suya esconde un aire dominante. Él cierra la llave y el agua deja de caer. Abro la puerta de cristal y salgo del baño que está justo dentro de la habitación. Lo que me gusta de mi casa es que todos es práctico, no tengo que dar muchas vueltas para encontrar los espacios, soy una persona muy impaciente por lo que procuro facil
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