Enngel. Esa mañana, el sol pasaba por las cortinas blancas de mi habitación. Me levanté más temprano para atender a Capuchino antes de ir a trabajar. El problema fue que terminó por ensuciar todo mi traje y mi falda quedó color marrón. Ya iba dos horas tarde. Salí de la ducha con la toalla envolviendo mi cuerpo, escuché la puerta y antes de que yo dijese algo esta se abrió… al parecer los hermanos Harper no se salvaban de acarrear algunas manías del otro. Me sorprendí al ver a mi cuñada en la puerta, a esa hora debía estar en el colegio. —¡Dios! Lamento entrar así, Enngel —dijo ella. —Descuida, Aslie. ¿No trabajas hoy? —Busqué ropa en mi closet. —Sí. Pero, antes de irme, debo reunir algunas cosas para donar en la obra caritativa. Si quieres donar ropa o algo, adelante. —Su sonrisa se

