Isabella estaba demasiado cansada y todavía faltaban unas horas para que terminara la guardia. El día anterior había sido demasiado pesado y casi no había dormido nada. -Ya comenzó a llover. Comentó un residente que venía de afuera del hospital. -En las noticias indican que habrá fuertes vientos y grandes precipitaciones en toda la ciudad. Dijo otra residente. Isabella estaba preocupada, parecería absurdo pero le tenía miedo a los truenos. -¿Estás bien? Le preguntó Jack. -S-sí, iré a revisar las camas para actualizar el censo. Isabella se puso a recorrer todo el piso, pero no pudo evitar tener un sobresalto al escuchar el primer trueno. -¿Doctora? Instintivamente se había abrazado a una enfermera. -L-lo siento, es solo que las tormentas me ponen muy mal. Confesó avergonzada. -De

