Ahora mismo me siento nerviosa y me sudan las manos, el auto lleva en marcha casi quince minutos y Thomas no ha querido decirme a dónde vamos. Sera que prepararon una cena para los tres, o quizás solo seamos Brandon y yo, probablemente la visita de Thomas solo era otro de los obsequios de Brandon. –Deja de rebanarte los sesos– dijo con voz risueña –Estamos a punto de llegar no comas ansias– solté el aire que no sabía que estaba reteniendo y me dedique a tranquilizarme y mirar por la ventana. El auto se detuvo fuera de un gran edificio y el chofer bajo para abrirme la puerta, acepte la mano que me tendió para ayudarme a bajar y me reuní con Thomas a los pies de la escalera. Caballerosamente me ofreció su brazo y lo acepte para comenzar a caminar. El interior era sencillamente precioso, pi

