CAPÍTULO VI-2

2004 Palabras

—Te iba a pedir, Ancelin— oyó decir a lady Elaine—, que fueras generoso y me dieras.. Sabrina no esperó más. Salió corriendo de la biblioteca y siguió a lady Hurlingham que ya subia la escalera. Al llegar al primer piso, cuando ya no podían escucharlas los lacayos que estaban en el vestíbulo, la anciana murmuró: —¡Es una joven muy desagradable! Su padre nunca me fue simpático. —Es muy… hermosa— comentó Sabrina y se preguntó por qué su voz estaba tan llena de desventura. —La belleza con frecuencia puede ser una trampa y una ilusión— contestó la anciana—, como muchos hombres han descubierto, a costa de gastar mucho dinero. Sabrina hubiera querido preguntar si el conde también descubriría eso, pero no se atrevió a hacerlo. ¿Además, no era evidente que el conde consideraba muy atractiva

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