Luego de unos minutos en los que mi jefe trata de recobrar su compostura, menciona mi nombre. - Isabella, comunícate con la señora Senil. Dile que envíe a otra persona o cancelamos el contrato. - Señor, si hace eso, perderá miles de dólares y se enfrentará a una demanda, el contrato fue firmado- le recuerdo y recarga sus codos sobre su escritorio y deja descansar su rostro en sus manos. Es la primere vez que lo veo frustrado. - Hijo, Isabella tiene razón, además le estás dando el gusto a esa mujer de verte afectado- comenta el señor Fernando. - Es que no soporto la idea de verla en la empresa nuevamente- expresa con disgusto. - Lo sé, Christian. Pero eres un adulto y un profesional ante todo. Vamos a sacar la colección en conjunto lo más rápido posible- afirma su padre logrando que mi

