El agua caliente comenzó a relajar los músculos adoloridos de Yohana, ella tenía los ojos cerrados, su cabeza la tenía recargada sobre el pecho de Mateo, él acariciaba y masajeaba su cuerpo con ternura, Yohana deseaba quedarse así por siempre. -Ya me has perdonado. -Sigue así, vas por buen camino. -Me darías posada. -No lo sé, debes hacer méritos. -Dime que hacer y lo are. -Por el momento sigue haciendo lo que estás haciendo. Mateo se movió un poco en la bañera para acomodarse mejor, Yohana se incorporó para permitirle que se moviera sin sacar mucha agua, Mateo observó en ese momento una mancha muy roja en gran parte de la espalda de Yohana. -Que te paso aquí, tienes un gran golpe en la espalda. -No es nada, solo tuve un paciente algo inquieto. -Si esto es tan peligroso no deber

