9 Hannah Dare abrió la puerta de nuestro cuartel y esperó a que entrara primero en la habitación. En el instante en el que la puerta se cerró, mi amable y considerado compañero se desvaneció. —Sé que Zane trata de ser cuidadoso contigo. Me volví hacia él y fruncí el ceño. ¿Así que Zane sí había estado conteniéndose? Lo había sentido por medio de nuestro vínculo, pero que Dare lo confirmara me hacía sentir incómoda. Era difícil de creer porque, cielos, el sexo había sido increíble. ¿Qué otra cosa quería Zane de mí que no le hubiese dado? ¿Qué necesitaba que le diera? Les había dado todo. Les había dado todo, excepto mi corazón. Este aún era mío. —¿Por qué Zane… digo…? —Zane cree que eres demasiado delicada, demasiado pequeña para tener dentro nuestros miembros del modo en el que te qu

