Gotas de líquido preseminal chorrearon desde la punta, y las limpié con mi pulgar. Acorté la distancia entre Hannah y yo, y pasé el fluido sobre su labio inferior. Jadeó, sorprendida, pues me había movido rápidamente. Sus ojos se abrieron de par en par cuando deslicé mi pulgar de un lado al otro sobre su mullida piel. Eran tan oscuros que casi no pude ver cómo sus pupilas se reducían a puntos muy finos. De manera instintiva, sacó la lengua y se llevó la sustancia húmeda a la boca. La observé mientras su visión se volvía borrosa. —El fluido de nuestros miembros se mezclará con tu propia excitación. Tu cuerpo se suavizará, se desnudará y estará listo para nosotros. Cuando te follemos, te prometo que no dolerá. Nos rogarás que te tomemos, compañera, y gritarás del placer. Sentí el suave hál

