—Puedes intentar sacarte las ataduras, pero no lograrás nada —murmuró Tark, nuevamente de pie para empujar mi tronco superior hacia la mesa. Su voz era severa. Inclinada en la forma que estaba, moví mi cabeza hacia arriba para verlo, pero mi largo cabello se interpuso. Sus ojos eran tan oscuros, tan intensos. Su mandíbula cuadrada estaba tensa—. Se debe completar el proceso de reclamación para que ningún otro intente tocarte. —Tark recorrió mi espalda desnuda con su mano, prestando delicada atención a cada curva y detalle—. Se te follará. Lo único que puedes decidir es si antes volveré a azotarte. Recorrió mi trasero con su mano e hice una mueca de dolor. No me dolía muchísimo, pero definitivamente era un recordatorio de que él haría lo que se proponía. Mi mente entonces se enfocó en otr

