11 Amanda El agudo placer de su mano sobre mi trasero nunca me invadió y gimoteé en modo de protesta. —No te muevas. Aún no acabo contigo. Me quedé helada de manera instantánea, estaba por completo a su merced; el tono autoritario que desprendía su voz hizo que mi v****a se contrajera alrededor de la nada. Quería su pene. Ahora mismo. Alcanzó el objeto que estaba en la pequeña cómoda, el que había ignorado antes, y me di cuenta de que era uno de esos tapones anales de la caja. Dejé caer mi cabeza con poca voluntad de protestar, porque lo cierto era que lo quería dentro de mi culo mientras él me follaba; y me follaría, eventualmente. La lujuria que emanaba de él por medio del collar era embriagante. Quería esa sensación de estar totalmente llena, totalmente dilatada, reclamada; tal co

