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Comandante Grigg – Cuarteles Privados, Nave Zakar
Por la décima noche consecutiva, me encontraba mirando impacientemente al techo sobre mi cabeza. Estaba esperando a alguien. A ella.
No sabía quién era. ¿Una diosa, quizás? ¿Un producto de mi imaginación? ¿Una imagen evocada por mi roce con la muerte?
Todo lo que sabía era que mi pene se volvía duro como una piedra; y la suavidad de su piel, la húmeda calidez de su v****a me perseguía hasta en sueños, hasta que me despertaba gimiendo y bañado en sudor, viéndome obligado a tocar mi pene para aliviar la incomodidad. No necesitaba mucho tiempo, una caricia o quizás dos, para correrme como si fuese un muchacho excitado.
Ella rondaba en mi cabeza.
Incluso ahora, durante el cuarto y último turno en el programa de la nave, mientras la mayoría de mi gente dormía, yo no podía hacerlo. No había podido descansar desde que me desperté dentro de la cápsula ReGen ante el ceño fruncido de Rav y el gesto amargado del capitán Trist. No habían dicho ni una sola palabra sobre mi reciente encuentro con la muerte. No había sido necesario. Mi padre había vociferado por dos horas enteras hasta que su rostro se hubo teñido de anaranjado brillante por la ira, y me temía que mis orejas comenzarían a sangrar. De nuevo.
—Ah, idos al diablo. Todos vosotros —dije a nadie en particular, estaba solo en mi cuartel espacioso y sobre mi enorme cama, aunque era lo suficientemente grande como para albergar a tres o cuatro cuerpos sobre ella.
No es que no pudiese encontrar una mujer para hacer mi cama más acogedora, si lo deseara. Pero no quería. Por lo menos, jamás me había preocupado en esto, sino hasta ahora.
Cuando era más joven y mientras estaba de permiso, tuve compañía femenina de sobra para satisfacerme. A medida que cumplía más años y subía en rango, las mujeres esperaban más. Para ellas, ya no era suficiente con follar a un guerrero joven y fuerte. Ahora me miraban con miradas calculadoras. Ahora era un comandante y tenía valor. No querían follarme a mí, a Grigg. Querían ser emparejadas a un comandante de Prillon. Querían el estatus, el rango; la riqueza y el poder.
Pero follar y tener una compañera eran dos cosas totalmente distintas. Follar significaba tener un par de horas de placer sin ataduras. Unirse a una compañera significaba… todo.
Puse mi mano sobre mi mástil. Mi m*****o palpitaba y estaba listo para descargarse. Froté varias veces la parte inferior con mi pulgar. Sabía cómo correrme, y lo hice rápidamente. Mi cuerpo se tensó; mi respiración se interrumpió mientras una visión borrosa de ella invadía mi mente, y mi semen salió disparado sobre mi mano.
Mis pelotas estaban vaciadas —por ahora— y suspiré; aparté las sábanas y caminé desnudo hacia el baño contiguo. Demonios, se me había puesto dura de nuevo. Quizás algo estaba mal conmigo. No iba a decirle a Rav que mi pene se ponía duro una y otra vez porque pensaba en una hermosa mujer. Suspiré, tomando mi pene de nuevo entre mis manos. Sí, por supuesto que me creería. Aún peor, quizás me creería en serio y entonces se partiría de la risa.
Una ducha caliente podría ayudarme a dormir, pero antes tenía que aliviar el dolor que asomaba en mis pelotas de nuevo.
Unos momentos más tarde, cerré mis ojos y dejé que el agua caliente corriera sobre mi cuerpo. Me lavé rápidamente, disfrutando el privilegio y la tranquilidad. No necesitábamos agua para bañarnos, pero manteníamos la antigua tradición solo por una simple razón… Placer.
Mi duro m*****o estaba empapado, y una gota de líquido preseminal se formó en la punta. Diablos, quizás la cápsula ReGen me había sanado demasiado bien y me había dado una especie de súper pene, porque nunca me había recuperado tan rápidamente como lo había hecho. Envolviendo mi mano alrededor de la cabeza de mi m*****o, me di la vuelta en torno al chorro de agua, me recosté contra la tubería mientras el calor me abrigaba, y traté de recordar.
Aquel sueño. Su v****a húmeda. Sus grandes pechos redondos. El extraño color de su piel, su cabello y ojos oscuros, extraños y exóticos. No era una mujer dorada de Prillon, sino una alienígena. Extraña. Hermosa. Separaba sus piernas y los labios de su v****a con mi rígido…
—¡Comandante!
La voz agitada retumbó a través del intercomunicador del baño, y me quedé de piedra bajo la ducha. Demonios.
—Zakar al habla —bufé.
Mis pensamientos sobre ella eran mucho más claros ahora. Recordaba más detalles sobre ella, y aquella llamada había interrumpido mi visión. El momento había sido arruinado, ella había desaparecido una vez más en los rincones de mi mente.
—Comandante, tenemos una emergencia. Le necesitamos en la estación médica número uno.
—¿Qué sucede?
Hubo un breve silencio, y acaricié mi pene una vez, luego dos veces, y entonces solté un gruñido. Esta vez no tuve tiempo de correrme. Tendría que meter mi pobre m*****o en un uniforme decente y soportar el traje n***o y rígido apretando mi pene y mis pelotas, tal como si fuese una llave.
—El doctor Zakar ha dicho… No puedo decírselo, señor.
Me reí entre dientes. No podía imaginarme lo que el listillo de mi primo le había ordenado decir al joven oficial.
—Habla tranquilamente. ¿Qué dijo?
Suspirando, el oficial respondió:
—Dijo que debía mover su trasero hacia la estación médica y apurarse de una vez por todas. Su compañera ha llegado.
—¿Mi qué? —mi potente voz retumbó en las paredes del pequeño baño.
—Debo terminar esta llamada ahora. Lo siento, señor.
El intercomunicador se cortó y comencé a enjuagar y secar mi cuerpo. Mi cabeza estaba dando vueltas.
¿Mi compañera? ¿De qué rayos estaba hablando?
Unos minutos después me encontraba corriendo a lo largo del corredor verde hacia la estación médica número uno, en donde hallé a mi primo caminando de un lado a otro.
—¿Qué demonios, Rav?
Se dio la vuelta apenas escuchó mi voz.
—¡Por los cojones de Prime, Grigg! Eres increíblemente lento.
Rav estaba tenso. Las venas de su cuello y sienes se tensaron; sus ojos brillaban de la emoción o del terror; no estaba seguro de cuál de las dos anteriores era. La necesidad de brindar tranquilidad y control, incluso con mis guerreros, se apoderó de mí. Mi pulso se desaceleró mientras colocaba mi mano sobre el hombro de Rav, dándole un apretón.
—Estoy aquí. Dime lo que necesitas.
Rav se mantuvo erguido, cerró los ojos y respiró profundamente. Cuando estuve seguro de que se encontraba bien, solté su hombro y esperé.
Rav abrió sus ojos, el brillo en sus ojos aún permanecía allí, indescifrable.
—Está aquí.
—¿Quién?
—Su nombre es Amanda Bryant. Viene de un nuevo planeta aliado llamado la Tierra.
—¿Quién es ella? ¿Por qué está aquí?
—Es tu compañera ideal, Grigg. Nuestra compañera.
Mi respiración se vio interrumpida. La cápsula ReGen. Los sueños. Maldición, esos sueños. Mi pene comenzaba a despertarse. Los sueños eran reales. Ella tenía un nombre. Amanda Bryant.
—¿Qué has hecho?
Rav se dio la vuelta y no respondió. En vez de explicarse, se dirigió hacia un pabellón médico, y yo lo seguí. La puerta se cerró en silencio detrás de nosotros. Las máquinas emitían algunos sonidos, pero todos los técnicos trabajaban en silencio y eficientemente. Estaba demasiado enfocado en Rav como para contar el número de pacientes que había, pero la unidad podía manejar tres casos críticos al mismo tiempo y tenía casi veinte camas adicionales. El pabellón estaba repleto de funcionarios médicos con uniformes grises y un par de doctores vestidos de verde. Los ignoré a todos, pues aún esperaba la respuesta de Rav.
—Solo he hecho lo que ordenó el capitán Trist.
No le creí ni por un segundo. Trist seguía las reglas. Rav, no. Solo seguiría las órdenes de Trist si yo estuviera fuera de servicio, como si…
Maldición. Como si estuviese medio muerto e inconsciente dentro de una cápsula ReGen.
—¿Conrav?
Dije su nombre completo. Yo jamás utilizaba su nombre completo.
—Estabas muriendo.
—¡Rav! —grité, y los médicos se sobresaltaron.
—Es hermosa, Grigg —dijo. Su voz sonaba casi… ¿Anhelante?—. Es tan suave.
Se acercó a mí, y bajó la voz para que solo yo pudiese oírle.
—Tiene muchas curvas. Dios, su v****a es tan rosa. Y su trasero. Diablos, he estado listo para tomarla desde el momento en que fue traída hasta aquí. Tienes que verl…
Un gemido suave y femenino se escuchó desde el otro lado de una de las habitaciones privadas para chequeos médicos; y el sonido siguió su camino hasta ser oído por mi deseoso pene. Mis ojos se abrieron de par en par, pues reconocía aquel sonido muy dentro de mí. Lo había oído en mis sueños. Me había corrido hacía no mucho anhelando oír ese sonido.
Rav se sonrió como si fuese un niño en su cumpleaños a punto de abrir el regalo más grande.
—Está despertando.
A pesar de mi molestia con Rav y la interferencia de Trist, me sentía intrigado y seguí los pasos del doctor mientras entraba en la pequeña sala de examinación.
—¿Es mía?
—Sí. Ha sido elegida utilizando los protocolos de procesamiento del Programa de Novias Interestelares. La coincidencia ha sido de casi ciento por ciento. Es perfecta para ti en todos los sentidos.
Estaba harto de que la Coalición dictara cada detalle de mi vida, y no estaba seguro de que todo esto fuera diferente. Había tantos protocolos, todos impecables. Como líder, estaba realmente harto del protocolo. Es por eso que había ascendido a Trist para que fuese mi segundo al mando. A él le encantaban esas cosas.
—Mira, primo, sé que estás emocionado, pero no creo…
Y entonces la vi. Mi compañera. Mi novia. Y me paré en seco. Rav sonrió y dio un paso por delante de mí, tomando todos sus implementos médicos para algo.
—¿Para qué es eso? —pregunté, mi voz estaba llena de fascinación.
—Para su examinación y análisis. Tuve que esperar hasta que ella estuviera despierta, y hasta que tú estuvieras aquí.
Era preciosa. Su abundante cabello oscuro, sus bucles oscuros se desparramaban sobre la delgada almohada. Su piel no era ni dorada ni amarilla como la de las mujeres de Prillon, sino que tenía un color mucho más suave y profundo, como crema oscuro. Estaba recostada en la mesa de examinación.
—¿Fue transportada hasta aquí?
Rav negó con la cabeza.
—Hasta la sala de transporte, pero fue transferida hacia aquí.
—¿Así? —me puse furioso, pues estaba maravillosamente desnuda, y era mía—. ¿Quién la vio así?
La expresión de entusiasmo en el rostro de Rav —por ser su segundo compañero— se transformó rápidamente en el rostro frío de un doctor.
—Estuve allí para recibirla. La envolví enseguida en la sábana sobre la cual está acostada.
Vi la funda blanca que colgaba en los extremos de la mesa.
—Nadie la ha visto así. Solo yo.
Miré hacia atrás, la puerta estaba firmemente cerrada.
—Así es, Rav. Nadie la verá así. Nunca —pronuncié las palabras emitiendo un gruñido, sintiendo la necesidad instintiva de protegerla con una rapidez y ferocidad que jamás había creído posibles.
Mi reacción era ilógica, pues nuestra ceremonia sería presenciada y bendecida por los guerreros que seleccionase, a aquellos que Rav o yo decidiéramos honrar con mi confianza durante nuestro derecho sagrado. Pero ellos nos verían follándola, reclamándola, haciéndola nuestra; no estarían observando su hermoso cuerpo.
Su rostro lucía delicado y mucho más suave que el de cualquier mujer que hubiera visto alguna vez. Sus senos eran grandes y maduros, y su v****a era, tal como Rav lo había prometido, de un fascinante color rosa oscuro que no había visto nunca antes. Anhelaba inclinarme y recorrer sus delicados surcos con mi áspera lengua, anhelaba probar su exótico sabor. Quería calzar mis hombros entre sus perfectas piernas y separarlas para poder follarla con mi lengua. Se me hacía agua la boca solo con ese pensamiento.
—¿Qué tipo de mujer dijiste que era? —pregunté, sin apartar la mirada.
Ella se revolvió en la cama, pero sus ojos aún no se habían abierto. Era como si estuviera despertando luego de haber tomado una siesta, no luego de haber sido transportada desde el otro lado de la galaxia.
—La Tierra. A su r**a le llaman la r**a humana.
—Nunca había visto a una mujer como ella.
Jamás. Era hermosa, exuberante, exótica. No podía compararla con ninguna mujer que hubiera visto antes.
—Es la primera novia que han traído de su mundo.
Esto me impactó lo suficiente como para volverme hacia Rav.
—¿La primera novia?
Asintió con la cabeza.
—Sí. A la Tierra se le ofreció una afiliación provisional a la Coalición hace un par de semanas. El Enjambre expandió sus rutas de exploración a los espacios ultraterrestres, zona de transporte 2.
Entonces comprendí.
—Iban tras los guerreros de la Colonia.
Rav asintió.
—Es lo más probable. Pero en vez de eso se toparon con la Tierra. Su ataque obligó a la Coalición a que estableciera contacto con la Tierra. Su gente se ha enterado de que existen otras criaturas en el espacio hace solo un par de semanas.
Recordé los reportes. Era un planeta pequeño. Aparentemente hermoso. Un espectacular remolino de azul y blanco con un primitivo…
—La Tierra no obtuvo una afiliación total debido a su barbarie, si recuerdo correctamente. ¿Se negaron a unirse y elegir a un Prime?
Rav colocó su equipo médico más cerca de él y asintió con la cabeza.
—Sí. Todavía estaban demasiado ocupados fijando límites y matándose entre sí por territorio, como animales salvajes. Pero si resulta que ella tiene una pizca de salvajismo, entonces disfrutaré azotando ese culo redondo para poner orden.
En ese momento, Rav estaba lejos de sonar como un doctor. Sonaba como un hombre que veía a su compañera por primera vez, que reaccionaba ante ella, que estaba ansioso por la sola idea de tenerla.
Sus pensamientos eran un reflejo de los míos. Pero solo en caso de que los azotes de Rav no fueran suficientes, entonces haría que su v****a rosa se sintiera llena con mi mástil dentro; la follaría hasta que gritara mi nombre; colmaría su boca con semen y tiraría de su cabello para acariciar su hermosa garganta mientras tragaba lo que le había obsequiado. Pero si realmente fuera ideal para mí, entonces, disfrutaría mi necesidad de controlarla tanto como precisaba gobernar su placer. Disfrutaría hacerlo duro. Ligeramente salvaje. Disfrutaría ser dominada por dos guerreros.
La lujuria y el sentimiento primitivo de marcar mi territorio y reclamar a mi compañera estallaron tal como una explosión volcánica; mi gruñido resonaba en toda la habitación antes de siquiera pensar en contenerme.
Demonios. Este era mi fin.
Los pequeños ojos de mi compañera se abrieron al oír el sonido, clavándose sobre mí con un recelo y miedo que no celebré. Sus ojos eran únicos, de un color café oscuro en el que me quería sumergir. Ahora mismo, los entrecerraba con desconfianza y recelo, y me di cuenta de que lo único que aspiraba era ver una sola expresión en su rostro —deseo, anhelo, confianza.
Desesperación, mientras la hacía rogar por alcanzar el éxtasis.
Me parece que entonces son cuatro expresiones.
—Maldita sea, Grigg. Deja de asustarla para que pueda obtener su certificación de salud y para que luego podamos… Instalarla en tus cuarteles.
Asentí, mostrando que estaba de acuerdo. Estaba impaciente por llevarla a mi cama, en donde realmente podríamos reclamarla por primera vez y disfrutar todos los beneficios de colocarle nuestro collar de emparejamiento alrededor de la garganta.
Observé cómo la mirada expresiva de mi compañera se posaba sobre mí, luego sobre Rav, y volvía hacia mí de nuevo. Había observado todo en la habitación; las luces, el equipo de examinación, la puerta. Sin embargo, no había hecho movimiento alguno para cubrirse, como si la condición de su cuerpo fuera irrelevante.
Su comportamiento me pareció extraño e intrigante.
Moviéndome con lentitud para no asustarla, di un paso al frente y me incliné ante ella.
—Bienvenida. Yo soy Grigg, tu compañero asignado, y este es Conrav, mi segundo.
No se movió, pero sí habló; y su voz hizo que mi pene se volviese increíblemente sólido.
—Amanda.
Su nombre no era suficiente. Necesitaba oír su voz gritando mi nombre, bruscamente y con placer, quebrantándose mientras rogaba por ello.
Finalmente, se miró a sí misma y se aclaró la garganta.
—Diablos, todos mis vellos se han ido.
Su piel era, ciertamente, lisa e impecable, como la de cualquier mujer. No respondí, pues no estaba seguro de cómo lucía anteriormente; pero estaba muy complacido con el suave lustre de su piel, con la maravillosa vista de su v****a.
Me pilló mirándola, y se aclaró la garganta nuevamente.
—Oh, bueno. No más afeitadas. Eso es una ventaja, ¿o no?
Movió sus piernas sobre la mesa de examinación y me tragué la orden que amenazaba con escapar de mis labios. No quería ver sus piernas cerradas; las quería abiertas, bien abiertas para recibir a mi pene, a mi boca… A lo que sea que quisiera.
—¿Podríais darme una sábana o algo? ¿Quizás ropa?
Negué con la cabeza.
—Todavía no. Rav es un doctor. Primero debe completar tu evaluación médica.
Un pequeño surco apareció sobre sus tersas cejas; sus cejas oscuras hacían un fuerte contraste con el color crema de su piel. Su rostro era tan diferente al nuestro, tan terso y redondo, con curvas delicadas y valles que anhelaba explorar con mis dedos y labios. Quería probar el sabor de su piel, saber si su exótico sabor coincidía con su aroma, tan dulce y femenino. Era una flor inusual que aún tenía que descubrir.
—Fui examinada en el centro de procesamiento —dijo, mirando a sus alrededores—. En la Tierra.
Rav dejó escapar una risa.
—No, compañera. La Flota exige que cada nuevo m*****o se someta a una examinación médica anterior a su liberación a la población general —cogió un pequeño dispositivo y lo examinó para determinar si estaba preparado. No tenía idea para qué era.
Ella frunció el ceño, y quería extender mi mano hacia ella para alisar aquel surco de preocupación. Ella se volvió hacia mí.
—Pensé que habías dicho que eras mi compañero asignado.
Asentí.
—Lo dije.
Miró a Rav, quien se inclinó en reverencia, tal como yo lo había hecho.
—¿Pero…?
—Amanda Bryant de la Tierra, soy el doctor Conrav Zakar. Tu segundo compañero.
—¿Segundo compañero? —su rostro se tiñó de un color rosa oscuro; no tan encantador ni rosa como el de su v****a, pero hermoso de todos modos—. Yo no… Oh, Dios.
Sus ojos oscuros trataban de mirar cualquier cosa que no fuera nosotros, sus compañeros, mientras murmuraba para sí misma:
—Ese sueño. Maldición. Ese sueño. Oh, Dios. Qué pervertida soy, ¿y ahora qué? ¿Dos de ellos? Rayos. Robert dijo que este trabajo me quedaría como anillo al dedo. Hay que ver si le gustaría tener dos compañeros. No puedo hacer esto. No puedo.