Daldán llegó con una de las doncellas que solían acompañar a la misteriosa reina —Mujer, avisa a la reina que el Rey quiere que todas estén en el salón. Y debe ser ahora. La mujer miró con afligimiento a Daldán, pero asintió. Al tocar la puerta, nadie acudió. Bien sabía que la señora no permitía que nadie la interrumpiera y sólo el Rey podía ingresar. Ella había amenazado de muerte a quien se atreviera a irrumpir. Aunque para otros era ella quien acudía a dirigir el ejército, pero pocos sabían la verdad ya que Scahard solía guardar silencio y no descubrir nada ni siquiera a su séquito ni hombres de confianza desde la ausencia de Eitar. Nigromante con la apariencia de Scahard acudió al salón, en compañía de Aleksanteri y Augur. Al cabo de un largo rato, se asomó una de las damas, avisa

