Comencé a invitarla a salir, con la excusa de que eran eventos sociales donde debía llevarla; aunque en el fondo de mí, quería conocerla realmente, descubrirle sus defectos, porque estaba enamorándome de sus virtudes. Y una vez más, para mi sorpresa, ella era perfecta. Tendría una cena de caridad, por lo que llegué a casa para refrescarme y prepararme, ya que saldríamos a las 8 hacia el salón. -Elena, ¿le avisaste a Alondra? ―Pregunté tan pronto la vi una vez que atravesé la puerta. -Sí, llegó hace una hora, debe estar preparándose ― respondió como siempre, amable. Le di un beso a Elena en la frente y corrí escaleras arriba para arreglarme también. Por inercia giré mi vista por el pasillo, su puerta estaba abierta y Alondra estaba deslizando sus manos por su cuerpo desnudo. Una escena

