Ceder

1094 Palabras
¿En qué momento Krestel y yo nos habíamos alejado tanto? ¿En qué momento dejamos de ser las hermanas cómplices y juguetonas que éramos de niñas? ¿En qué momento pasó de ser la chica dulce y amable, a la egoísta e hipócrita? Apuñalándome, decidiendo jugar sucio para quitarme a Mauricio; y no por él, sino porque me hacía darme cuenta que había perdido a mi hermana. Volví de mis pensamientos, la lluvia seguía intensa sobre mí y reconocí el lugar, estaba a unos cuantos metros de la casa de Jonatan. Por instinto había regresado. Entré directo a mi habitación, sin querer ver a nadie me metí bajo la sábana y seguí llorando, hasta que me quedé dormida. -¿Alondra? ―Escuché en la lejanía y sentí la mano de Jonatan sobre mi hombro. ―¡¿Qué diablos?! ―De un jalón quitó la sábana completamente. ―¡Estás empapada! ―Lo escuché corriendo hacia la puerta. ―¡Elena! ―Gritó y lo vi caminando de nuevo en mi dirección; pero yo me sentía cansada y sin ánimos de nada, por lo que me dormí de nuevo. Abrí mis ojos, me dolía mi cuerpo y mi cabeza. Jonatan estaba sentado en una silla frente a la cama, eso era demasiado extraño. ¿Qué hacia en mi habitación? Se dio cuenta que había despertado y se inclinó sobre mí. Los recuerdos me llegaron de golpe, mi corazón se contrajo al recordar las palabras de Krestel, lo que Mauricio intentó hacerme, y las lágrimas se abrieron paso por mis mejillas. -¿Qué pasó, princesa? ―Aquí estaba, el chico tierno. Necesitaba desahogarme y di rienda suelta al llanto. ―Dime princesa, ¿qué fue lo que sucedió? ―Colocó su mano sobre mi frente. ―¡Estás ardiendo! ―Se perdió de mi vista por unos segundos y cuando regresó, me cargó con suma facilidad; se recostó conmigo sobre la tina de baño que ya tenía agua, que yo la sentía helada. Comencé a temblar y Jonatan me abrazó con fuerza. Con todo el nudo de ansiedad y dolor, una vez más me dormí. Volví a abrir los ojos y seguía en la tina con Jonatan sosteniéndome, pero ya no me sentía tan mal. Presté atención a los detalles, no estaba en mi baño, debía ser la habitación de él y entonces sentí su mano sobre mi frente. -Voy a salir de la tina. Llamaré a Elena para que te ayude a vestirte ― ni siquiera espero una respuesta, se levantó y lo vi, estaba vestido y mojado, ¿por qué había hecho eso? Elena entró en cuestión de minutos, me ayudó a secarme y a vestir, sólo ropa interior y un camisón de seda puso sobre mí. Jonatan regresó completamente cambiado, ¿cómo lo hizo tan rápido? Y me cargó de nuevo, llevándome a la cama. Me dejó sentada. ―Toma esto ― me dio dos píldoras y un vaso con agua. Las tomé sin decir nada y cuando se dio cuenta que las había tragado, me recostó de nuevo y colocó una sábana sobre mí. -No te vayas… ― susurré extendiendo mi brazo hacia él. ―Por favor ―supliqué, porque no quería estar sola. Lo vi dudar, pero se metió bajo la sábana conmigo. Me pegué a su cuerpo, su calor era reconfortante y el latido de su corazón intenso; que me dieron la tranquilidad que en ese momento necesitaba. Desperté sintiendo unos brazos aprisionándome, levanté el rostro y Jonatan tenía los ojos cerrados. Su cabeza estaba agachada, como si estuviera viéndome, pero su respiración era profunda, definitivamente estaba dormido. Se veía tan sereno, tan… precioso. Sus labios estaban juntos pero relajados, carnosos, rosados y húmedos… ¡Dios! ¡Quería besarlo! ¿Sería una locura hacerlo? Me estiré lo más que pude, removiéndome entre sus brazos, pude alcanzar sus labios con los míos. Un sutil toque y se sintió tan bien… Un sentimiento en la boca de mi estómago y mi corazón saltando… Sería todo, no podía engañarme a mí misma, estaba enamorada de una sombra. Traté de alejarme, pero movió su cabeza para que no me separara, y apretó su agarre sobre mi espalda, pegándome más a su cuerpo. Abrió los ojos verdosos y sentí su intensidad, hipnotizándome en el proceso. Su erección entre mis piernas era palpable, tuve que apretarlas porque mi instinto quería abrírselas. Volvió a cerrar los ojos, para besarme suavemente, su mano subía y bajaba por mi espalda con lentitud. ¿Sería posible que también se hubiera enamorado de mí? Me aferré a su camisa, mis sentimientos anhelaban entregarse, ansiaban salir a la superficie de mi cuerpo, tomar el control… Y lo permití. La punta de su lengua tocó mis labios pidiendo permiso para entrar, se deslizó tocando mis dientes, para incitar a mi lengua a jugar con la de él. Su mano alcanzó mi muslo, subiendo lentamente alzó el camisón, haciéndome sentir un hormigueo intenso donde ponía su mano, para extenderse al resto de mi cuerpo de forma placentera. No lo detuve, por el contrario jadié y creo que fue suficiente para que él perdiera el control. Nos giró, colocándose sobre mí, desapareciendo la sábana como por arte de magia. Mis piernas se le aliaron, abriéndose para darle la bienvenida. Hábilmente levantó el camisón hasta mis hombros, y aprisionó mis brazos por encima de mi cabeza; no me había puesto sostén, por lo que mis senos salieron libres de inmediato, lo que él aprovechó para besarlos, acariciarlos, amasarlos. Abandonó mi parte superior, levantándose para arrancar el encaje, luciendo desesperado, pero tomó un momento para recorrerme con la mirada. -¡Hermosa! ―Su cabeza bajó entre mis piernas, ¿qué iba a hacer? -¡Mierda! ―Sentí su lengua, sin saber que podía darme ese placer. Estaba perdiéndome en la sensación, cuando de repente se alejó. ¡No! ¡¿Por qué?! -¡Estás mojadísima! ―Me avergoncé al instante, ¿quería molestarme? ―¡Sabes delicioso! ―Me hizo brincar a la lujuria de nuevo. Fue extrañamente enfermo, pero excitante. Sentí un objeto extraño en mi interior, ¿había metido un dedo? Lo sacó y lo volvió a meter, moviéndolo dentro de mí hasta sofocarme con tantas sensaciones. Debió meter otro dedo, porque sentí a mi cuerpo apretando algo. -¡Demonios Alondra! !¿Eres virgen?! ―Ahí estaba, el estúpido-idiota, cretino. Me levanté de golpe haciendo que el camisón bajara al instante, y aventándolo en el proceso me bajé de la cama. Saldría corriendo de esa habitación.
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